miércoles, 20 de octubre de 2010

LOS TORELLANOS FUSILADOS EN LA GUERRA CIVIL SERÁN EXHUMADOS EL 9 DE OCTUBRE

Las cuatro víctimas del franquismo fueron enterradas en una fosa común del cementerio civil.

La Fundación Aranzadi, dirigida por el doctor en Antropología Forense Francisco Etxeberría Gabilondo, procederá en el puente del Pilar a realizar la exhumación de los restos mortales de cuatro vecinos de Torrellas (Zaragoza), Feliciano Lapuente, Gregorio Torres, Luis Torres y Marcelino Navarro, que están enterrados en una fosa común en el cementerio de Ágreda desde hace ya 74 años, tras ser fusilados en plena convulsión de la Guerra Civil.

“Los fusilaron porque eran republicanos. Fue un asesinato a sangre fría porque no eran gente que estaban combatiendo en el frente. Y no tuvieron derecho a abogado, ni a defensa, ni mucho menos un juicio justo. Los sacaron de casa y los fusilaron en medio de la nada. Cada uno lo puede interpretar a su manera. El que lo quiera entender que lo entienda”, señaló Anabel Lapuente, nieta de Luis Torres.

Feliciano Lapuente, Luis Torres y Marcelino Navarro trabajaban como jornaleros para el alcalde de Torrellas de entonces, Gregorio Torres, republicano. Su afinidad con él les marcó al estallar la guerra y apenas tres meses después, en la madrugada del 19 al 20 de octubre de 1936, fueron fusilados cerca de Ágreda. “Fueron cuatro hombres honrados asesinados, como tantos otros, a causa de sus ideas y de su compromiso: representar y defender la legalidad de la II República Española”, explica el nieto de Feliciano Lapuente, Daniel Aldana.

Esa misma tarde les habían llamado para que acudieran al cuartel de la Guardia Civil donde se les tomó declaración. Pero luego les mandaron a sus casas. Sin darse cuenta de que ya habían firmado su sentencia de muerte. De madrugada, les sacaron de sus camas y les condujeron por un camino hacia Ágreda. “No llegaron a la localidad soriana, dado que les asesinaron en el paraje conocido como Los Cabezos. Todavía están las casetas abandonadas junto a las que fueron fusilados”.

La mujer de Feliciano Lapuente estaba embarazada cuando se lo llevaron. Dejó también otra hija. “Había estado de concejal en el Ayuntamiento con Gregorio”, añadió Lapuente.

Marcelino Navarro tenía tan sólo 16 años. Su única culpa, trabajar para el alcalde. Luis Torres también era jornalero para Gregorio. “Fue un buen alcalde; ayudaba a todo el mundo que podía, sobre todo a los pobres, entre ellos a mis abuelos. Estaba casado y tenía una hija y un hijo”.

Marcos Bueno y su hijo, vecinos de Ágreda, se ofrecieron voluntariamente a traer sus cuerpos desde el monte donde tras ser asesinados iban a ser abandonados, explicó Daniel. En el registro del cementerio con fecha de 20 de octubre de 1936 aparecen “cuatro desconocidos hallados muertos en Los Cabezos”.

Pero desde entonces sus familiares han acudido sin perder la esperanza al cementerio civil de Ágreda. “No es cierto que sean las fosas del olvido, porque mi familia aún a riesgo de que denunciaran íbamos a dejar flores rojas, amarillas y moradas a Ágreda, donde sabíamos que estaba enterrado mi abuelo”, manifestó Anabel Lapuente.

Añadió que sus abuelas “vivieron toda la vida calladas porque estaban aterrorizadas. De hecho a mi abuela no la veía nunca llorar. Se ponía roja y sudaba mucho. Es porque aprendió a reprimirse bajo las amenazas. Vivían con tanto miedo que se lo inculcaron a sus hijos. Ahora son los nietos y los biznietos los que han tenido que dar el último empujón para conseguir exhumar los cadáveres y por fin poder descansar”.

La colaboración de la Asociación Soriana para el Recuerdo y la Dignidad ha sido imprescindible para poder acelerar toda la tramitación necesaria, según explicó la nieta de Luis Torres.

El presidente de la agrupación, Iván Aparicio, señaló que en este caso ha pesado más el carácter humanista para con las familias de las víctimas que llevan muchos años deseando conseguir los restos de sus antepasados, que su marcada postura contraria a las exhumaciones actuales al no contar con un levantamiento de actas jurídicas: “Son crímenes contra la humanidad cuyas huellas se están borrando”.

La ausencia de autoridades judiciales en estas exhumaciones es más que patente. De hecho, en Soria no se ha conseguido en ninguna. No obstante, la Asociación enviará una petición, como en anteriores ocasiones, al juzgado de guardia requiriendo que se persone una autoridad judicial en el cementerio de Ágreda con motivo del levantamiento de cadáveres.

“Es curioso porque cuando en este país aparece un cadáver no se puede tocar hasta que no haya una presencia jurídica, salvo que sean rojos víctimas de la guerra civil”.

Fuente: Heraldo de Soria
Fecha: 26/09/2010

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