martes, 10 de noviembre de 2009

El origen de los vascos

Todavía hoy, constituye uno de los mayores enigmas por aclarar; el pueblo europeo cuya lengua y procedencia despierta más enigmas. En los últimos tiempos, las teorías genetistas se están uniendo con las pruebas filológicas para aclarar esta cuestión con tantas implicaciones políticas. El descubrimiento de restos celtas y vikingos en Vizcaya añade polémica a esta discusión.

A finales del siglo XX, el inmunólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Luis Arnaiz, y su colega, Jorge Martínez Laso, publicaron un estudio genético sobre las poblaciones ibéricas.

Comparando genes "alelos" (utilizados para garantizar la viabilidad de las transfusiones de órganos) se podía determinar la cercanía genética de diferentes poblaciones o grupos humanos. El resultado de estas investigaciones con unas muestras de población europeas, "españolas", norteafricanas y vascas, determinó que los vascos estaban más cercanos genéticamente al resto de habitantes de la Penínula y a los norteafricanos de origen bereber que al resto de poblaciones europeas. La teoría acerca de su origen caucásico se venía abajo y se corroboraba la tesis de que los vascos serían los descendientes de los iberos, los primeros pobladores de la Península ibérica, venidos del Norte de Africa durante las invasiones cartaginesas. De ahí la similitud genética con los bereberes norteafricanos, que también serían semitas.

Destacados investigadores extranjeros han corroborado estas investigaciones. Anne Cambon Thomsen, de la universidad de Toulouse, encontró claras similitudes genéticas entre vascos y norteafricanos y los doctores Pandya y Tyler-Smith, de la Universidad de Oxford, también han subrayado el emparentamiento entre vascos y norteafricanos.

Paralelamente, diferentes lingüístas han profundizado en los estudios de Von Humboldt, entre otros, acerca de las similitudes entre la lengua bereber y el vascuence. Hoy día, surgen críticas acerca de la identificación entre el idioma ibero y el vascuence pero en lo que sí parece haber quorum es en la relación de parentesco entre el vascuence, el desaparecido idioma aquitano de los gascones y ese idioma "protoibero".

Si la proximidad entre bereberes y vascos ya es comúnmente aceptada, las cuestiones que concitan la polémica entre los investigadores son, por un lado, cuándo habrían llegado esos iberos-vascos a la Península y, por otro, de dónde procedían. La corriente vasquista afirma que eran los pobladores originales de la Península, los auténticos iberos, asentados desde la época del Hombre de Cromagnon, y habrían compuesto la raza "pirenaica occidental", asociada al idioma eúskaro y que se caracterizaría por su altura, corpulencia, pelo y ojos oscuros, tez clara y coloración rojiza de las mejillas, facciones afiladas y mentón, nariz y orejas prominentes. El jugador francés de origen bereber, Zinedine Zidane sería un buen prototipo de este fenotipo.

Para otros, sin embargo, los vascos habrían llegado alrededor del 228 antes de Cristo y se habrían asentado en territorios celtas.

Castro celta en Bilbao

El descubrimiento de un castro celta en la cima del monte Malmasín, a un paso de Bilbao, ha añadido leña a este fuego. El investigador vizcaíno, Gabriel Carretié, ha determinado que los restos arqueológicos hallados, y que vemos en la fotografía, corresponden a un santuario de druidas del siglo I antes de Cristo, con lo que echa por tierra la tesis oficial de que esa tierra estuviera habitada únicamente por vascos.

Su teoría, defendida ante diferentes cátedras de historiadores, es que los vascos habitaban en las faldas de los Pirineos, sobre todo navarros, un hecho confirmado por todos los vasquistas, pues allí se guarda el euskera más puro. Desde allí habrían "bajado" hacia la costa, sometiendo a la población que allí vivía desde tiempo anterior; las tribus celtas "autrigones", "várdulos" y "caristios". En la antigüedad, también encontramos referencias a estas tribus.

Cayo Plinio, en el 24 antes de Cristo, afirma que los territorios hoy conocidos como Vizcaya y Alava estaban habitadas por la tribu de los "Carietes", que Claudio Ptolomeo llama "caristios" y el griego Homero liga con la isla griega de Eubea. Se da la casualidad de que existe una localidad llamada Eubea, pegada a Amorebieta, en Vizcaya. Las tesis más modernas hablan de que griegos y celtas estarían emparentados con un común ancestro indoeuropeo.

El nombre de Provincias "Vascongadas", utilizado comúnmente hasta hace sólo treinta años significaría "vasconizadas". Lo que quiere decir que fueron convertidas en vascas, porque no lo eran hasta entonces. Y esto fue lo que ocurrió, para el profesor Solana Sainz, en el siglo V después de Cristo (en su artículo "Várdulos" publicado en "Hispania Antigua", Universidad de Valladolid, vol. XXVII, 2003). Para Carretié, esta vasconización se produjo a partir del siglo VIII después de Cristo.

La tesis de este último es que los vascos serían lo descendientes de los destacamentos cartagineses (fenicios) que cruzaron la Península Ibérica para atacar Roma en la famosa expedición de Aníbal y sus elefantes. El general cartaginés habría dejado unos retenes en los pasos pirenaicos como Roncesvalles que corresponderían con esas poblaciones "bereberes" y habrían conservado ese idioma emparentado con el ibero. Después de ocupar los Pirineos durante siglos, se habrían expandido durante nuestra era para alcanzar la zona del Cantábrico, de ahí lo de "provincias vascongadas" o "vasconizadas". Numerosos topónimos que contienen el morfema "mor" (moro) recuerdan ese origen, como Murguía (Guipuzcoa), Murueta (junto a la ría de Guernica) y Maruri.

Carretié también ha encontrado nombres de poblaciones vascongadas que recuerdan a poblaciones de Oriente Medio. Concretamente, el pueblo portuario de Ea (Vizcaya) tiene su correspondiente en el puerto tripolitano de Oea. El origen mesopotámico de otras poblaciones vendría determinado por el dios Baal, dios de la guerra, contenido en los nombres de los líderes cartagineses Asdrú-bal o Aní-bal, y que habría quedado en localidades como Za(bal), en Navarra y Za(bal)a, pueblo cercano a Guernica.

En el año 400 de nuestra era, el historiador romano Rufus Festus Avienus, en su obra "Ora Maritima" y recogiendo datos de autores que le precedieron, habla de la existencia de un grupo de población en la Península llamado "libiofenicios". Mientras, Apiano, que vivió entre el 95 y 165 después de Cristo, los llama "blastofenicios" y dice que reciben tal nombre porque Aníbal introdujo entre ellos, colonos africanos. De ahí se deduce que "blasto" significa "libio". Después de sometida la Península Ibérica y convertida en "Hispania" como provincia del Imperio Romano, los geógrafos denominarán "bástulos y bastetanos" a esta población anteriormente denominada "blastofenicia". La zona donde habitaban estos bastetanos es el valle del Baztán (en vascuence "bastán"), una de las comarcas donde se habla el euskera más puro. El nombre corresponde a tierra de los “bast”, según Carretié, posteriormente conocidos como "vascos" o "bascones".

Pruebas numismáticas
Corroborando lo anterior, existen unas monedas tenidas como "iberas", encontradas en los alrededores de Pamplona de las que no se ha conseguido determinar su datación. La profesora M. J. Peréx Agorreta, las describe de la siguiente manera: "… aparece tanto en denarios como en ases, y en alfabeto ibérico". En ambos figuran indistintamente en el reverso de la leyenda "Barscunes", mientras que en los anversos se incsribe, aunque no siempre, la leyenda "Bengoda". Carretié identifica el prefijo "Ben" con el conocido "hijo de" de las poblaciones semitas, como "Ben Bella", por ejemplo. Corroborando esta introducción vasca-bereber en el Pirineo, en este caso aragonés, habría quedado el nombre de otras poblaciones que recuerdan ese origen: Ben-asque, Vasones [Vas(k)ones], Bescós y Biescas. En la actualidad, se reivindica la existencia de un idioma llamado "guask", hablado en el Pirineo aragonés, y emparentado con el euskera.

Pero las sorpresas no acaban ahí.
En el año 1811, el intelectual y político vascofrancés, Joseph Dominique Garat, presentó un plan al mismísimo Napoleón Bonaparte para crear un estado autónomo que uniría a los vascos de España y Francia. Constituido por dos departamentos (Nueva Tiro, al norte en Francia) y Nueva Sidón (al sur, en España), ambos crearían el estado de Nueva Fenicia. La idea provenía del convencimiento por parte de este gran conocedor de la cultura vasca, de que los vascos procedían de los fenicios. El fundador del Partido Nacionalista Vasco, Sabino Arana, era de la misma opinión, pues llamaba a los nacionalistas más conservadores, "fenicios".

Cuestión de narices
Al parecer, en la antigüedad, a los cartagineses se les conocía con el epíteto de "nacht" (nariz). Y este elemento, la nariz, prominente en todas las poblaciones semitas, ha sido con el que se conoció a los vascos (blastofenicios) en la antigüedad, llegando a haber topónimos que incluyen esta raíz como "Nachitua". Localidades como las mencionadas Ea y Nachitua, así como Morueta, Libano y Murélaga pertenecen a la merindad de Busturia (Baesturia) que para Carretié procedería de los Blastofenicios, los conquistadores cartagineses, también llamados moros o nacht (por nariz).

La poblacion de Calagorra (Calahorra, actualmente La Rioja) fue llamada "vascona" por Estrabón y "násica", por Plinio, lo que equivale a norteafricana o semita.

El blogger, Juan de Garay, redunda en esta característica de los vascos puros: "Para un buen observador, y también para el que no lo es tanto, entre los euskauldunes de raza hay algunas prominencias físicas que llaman poderosamente la atención, como el mentón o perilla sobresaliente, la nariz prominente y las orejas llamativamente grandes. En la mayoría de los vascos hay alguna de estas características".

Vascos rubios y morenos
El propio Miguel de Unamuno recoge estos dos fenotipos en su novela "Paz en la guerra" cuando describe los jugadores de un partido de pelota. "¡Oh los jugadores! Estaban rodeados de sus cortesanos. Una cara correosa, seria y lánguida, ojos caídos, frente arrugada, cráneo largo, fisonomía de viejo en cuerpo joven, una cabeza delgada y fina sobre unas espaldas anchas y sólidas. Junto a él un rostro agudo, acabado en nariz, unos ojillos que parpadeaban vivamente en una cabeza clavada del tronco. Luego la gente se removió hacia otra parte; llegaba un moreno airoso, de tez bronceada, con fino bigote, eterna sonrisa, andar ligero y suelto, algo como la maracha de un gato montés, cuerpo hecho a torno, elegante, típico ejemplar de nuestra raza vasca. .(..) Por entre la gente que ocupa la cancha se adelanta, abriéndose paso un mocetón, alto, fornido, blanco y graso, pelo ensortijado, cara de angelón de retablo. La camisa blanca, matizada de variadísimas sombras por pliegues riquísimos, boina azul, cinturón rojo, pantalones blancos y anchos, y alpargatas también blancas".

En base a las investigaciones expuestas, los primeros corresponderían a esas poblaciones semitas, mientras que los segundos sería descendiente de los vikingos y celtas. Esa mayor cantidad de población rubia se puede comprobar comparando la gran cantidad de rubios existentes en San Sebastián si los comparamos con las poblaciones del interior de Guipúzcoa.

Legados vikingos
Desconocidos para muchos, en las deslumbrantes montañas del País Vasco existen varios dólmenes y crómlechs que nadie sabe a ciencia cierta a qué época pertenecen, aunque los vasquistas los consideran lugares donde celebraban ceremonias sus antepasados.

El historiador y matemático Gabriel Carretié ha rebatido esta creencia, demostrando que los cromlechs encontrados en el País Vasco son, en realidad, de origen vikingo. Carretié mantiene que ese riquísimo patrimonio arqueológico está siendo destruido para borrar las huellas del pasado no vasco y de origen indoeuropeo (celta o vikingo) de esas tierras. En el año 1992, Carretié comprobó, in situ, cómo esos restos de un cromlech naviforme junto al nacimiento del río Nervión, habían sido dañados y estaban a punto de ser empujados al vacío. La importancia de estos restos es tal que llegaron al lugar investigadores daneses.

Actualmente, son varios los investigadores españoles y extranjeros que documentan la incursión de poblaciones normandas (vikingas) en la península ibérica, y que habrían participado en la Reconquista y posterior repoblación de Castilla. Entre ellos, Claudio Sánchez Albornoz (Arqueología, Vascos y navarros en su primera Historia), Andrés Eliseo de Mañaricúa (Vizcaya: los orígenes del señorío) y Melvinger "Las primeras incursiones de los vikingos en Occidente después de las fuentes árabes".

El historiador Lope García de Salazar, en su obra "Bienandaças e Fortunas", narró la llegada y penetración por Santoña-Laredo y por el curso del río Nervión, "de los godos de las yslas de Escancia (Escandinavia) que venían en socorro de los godos de España, en el año 740". Apoyando la singularidad de esta población, el territorio de las Encartaciones, situado en la margen izquierda del río Nervión, contó con fueros propios desde la Edad Media.

Para el propio Salazar, apellidos como el suyo propio (Sala-zar), Gil (Will, Wilson) o la propia Gasteiz, el antiguo nombre de Vitoria, serían de origen normando. En concreto "Waste-iz" es como se conocía antiguamente en normando a "la familia o clan de los devastadores". Recientes excavaciones en el subsuelo de la Catedral vitoriana, han mostrado vestigios de una población datada en el siglo VIII después de Cristo. Otras poblaciones de origen vikingo-normando serían Guernica (Wernik-a), Berriz (Berr-iz), Olaveaga (solar de Olaf), Oleaga (solar de Ol) y Arrigorriaga (Harri-Gorri-aga: solar del guerrero).

Numerosas costumbres de la ribera del Cantábrico emparentan a los vascos con el resto de pueblos que viven allí. La cultura de la sidra, las embarcaciones de remo, etc.

Fuente:
Ezagutu Barakaldo
Fecha: 07/11/2009