Mostrando entradas con la etiqueta primatología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta primatología. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Los australopitecos vuelven a ser 'monos'.

Unas marcas en fósiles atribuidas a herramientas resultan ser pisotones.

Los australopitecos, una de las viejas ramas del enmarañado árbol de homininos al que pertenece el ser humano, vuelven a ser monos zopencos. En agosto, un grupo internacional de científicos anunció el hallazgo en Dikika (Etiopía) de dos huesos animales que presentaban marcas de herramientas de piedra. El descubrimiento era trascendental.

Los fósiles, de 3,4 millones de años, implicaban que la única especie que vivía entonces en el lugar, el Australopithecus afarensis, ya empleaba herramientas para cortar carne, un rasgo tan humano que hasta entonces se reservaba al primer representante del género Homo, el habilis. Sin embargo, la costilla y el fémur de Dikika mostraban un australopiteco habilidoso, casi humano.

El uso de útiles para cortar carne se considera un rasgo humano.
Ahora, un equipo liderado por el español Manuel Domínguez-Rodrigo tumba en la revista PNAS las conclusiones de sus colegas. Según el nuevo estudio, las marcas en los dos huesos etíopes no fueron hechas, en absoluto, con herramientas. "Estos animales murieron al lado de un río, y unos antílopes, o similares, pasaron por encima hace 3,4 millones de años. Las marcas que vemos son de pisoteo", explica el científico, profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid.

Su equipo no ha tenido acceso a los fósiles originales, pero ha estudiado sus fotografías y ha comparado las marcas con las obtenidas al pisotear huesos modernos. "Son iguales macroscópica y microscópicamente", zanja. Cuando un animal pesado pisa un hueso, la grava del suelo deja unas marcas características de abrasión, "como si se pasara un estropajo". Al microscopio, "son inconfundibles", según explica el prehistoriador, que ha trabajado con australopitecos en la garganta de Olduvai (Tanzania).

Sin embargo, el grupo de Dikika, encabezado por Shannon McPherron, del Instituto Max Planck (Alemania), mantiene la validez de su teoría. El equipo de Domínguez-Rodrigo "no considera la pieza que pudo formar las marcas, una piedra natural, sin tratar", replica McPherron a Público. En su lugar, "basa su estudio en piedras sometidas a lascado, que no han aparecido en Dikika". Según su versión, las marcas del yacimiento etíope coinciden con las producidas por roca natural, según un estudio todavía no publicado. Domínguez-Rodrigo rebate esta hipótesis: "Es imposible descuartizar una cabra con una roca natural. Nosotros lo hemos intentado y no se puede".

Unos antílopes pisaron los huesos hace 3,4 millones de años.
El arqueólogo Jordi Ro-sell, del equipo de las excavaciones de Atapuerca y ajeno a ambos estudios, respalda al español. "Son marcas de la fricción de los huesos contra el suelo. Creo que un día veremos herramientas de australopitecos, pero ese día no ha llegado", afirma.

Fuente: Público
Fecha: 16/11/2010

miércoles, 25 de agosto de 2010

XVII CONGRESO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ANTROPOLOGÍA FÍSICA.

Primera Circular
La XVIII Asamblea General Ordinaria de la Sociedad Española de Antropología Física, celebrada en Alcalá de Henares, el 7 de julio de 2009 acordó organizar el 17 Congreso de la SEAF en Barcelona, aceptando la candidatura presentada por el Prof. Daniel Turbón, miembro de la Sección de Antropología Física del Dept. de Biología Animal de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. Por ello nos complace invitarle a participar en el mencionado congreso que se tendrá lugar en Barcelona del 2 al 4 de junio del año 2011.

Las sesiones del Congreso se celebrarán en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. El 17 Congreso de la SEAF tendrá un carácter amplio y general de las áreas objeto de estudio de la Antropología Física cuya raíz y origen son la evolución y biodioversidad humanas, representadas por el tronco ramificado del logotipo de la SEAF, que los organizadores del 17 congreso hemos adoptado con ciertas modificaciones referentes al evento.

Los ámbitos del programa científico serán los siguientes:
 Antropología Aplicada (Salud Pública)
 Antropología Esquelética y Paleoantropología
 Antropología Forense y Paleopatología
 Dinámica de Poblaciones Humanas
 Diversidad Genética de Poblaciones Humanas
 Primatología
 Somatalogía y Auxología

Los interesados pueden inscribirse desde este momento registrándose en esta web o remitiendo, por email o por correo postal a las direcciones abajo indicadas, el impreso de inscripción (aquí), antes del 1 de diciembre de 2010.

El precio de inscripción del 17 Congreso de la SEAF será 150 € (90 € para estudiantes que lo acrediten documentalmente) y 165 € a partir del 1 de diciembre de 2010.

Cualquier consulta o aclaración puede remitirse también a seaf17@gmail.com o a la Secretaría del 17 Congreso de la SEAF:

Sección de Antropología
Dpto. de Biología Animal
Facultad de Biología
Universitat de Barcelona
08028 Barcelona

Formulario inscripcion.pdf

martes, 11 de mayo de 2010

El comportamiento de los chimpancés frente a la muerte

¿Sólo los seres humanos somos conscientes del fin de la vida y sus implicaciones? ¿Sólo nosotros experimentamos la perdida y vivimos el luto? ¿Desde cuándo en nuestro camino evolutivo comprendimos que un cuerpo inerte es un cuerpo muerto? Con miras a proporcionar elementos para dar respuesta a preguntas como éstas, el pasado mes de abril la revista Current Biology publicó un par de correspondencias sobre el comportamiento de grupos de chimpancés frente a la muerte de alguno de sus integrantes.

La muerte de Pansy
La primera de estas cartas describe el caso de Pansy, una chimpancé de más de 50 años que vivía en el Safari Park de Drummond en el Reino Unido, junto con su hija Rosie de 20 años, Blossom de 50 años y su hijo Chippy de 20. En diciembre de 2008, tras semanas de una salud deteriorada, Pansy dejó su lugar de reposo y se movió hasta el lugar donde había dormido su hija la noche anterior. Alrededor de las 16 hrs comenzó a presentar problemas para respirar. Ante las señales de una muerte inminente el responsable del área Alasdair Gillies permitió que el resto del grupo se reuniera con ella y dejó dos cámaras grabando la escena.

El registro en video mostró que tras la muerte de Pansy los otros la acicalaron, la tocaron y sacudieron varias veces, incluso Chippy, quien en 29 días de observación sólo había hecho una exhibición agresiva esa noche hizo tres, que consistieron en brincar sobre la plataforma, saltar en el aire y con ambas manos golpear el torso del cadáver.

Al día siguiente, los tres chimpancés miraron en silencio como el cuerpo de Pansy era retirado. Al atardecer, cuando debían entrar en al estancia nocturna, Rosie y Blossom titubearon y Chippy se negó a entrar emitiendo gritos de alarma lo que provocó que las dos hembras regresarán sobre sus pasos. Durante cinco noches durmieron en su estancia diurna hasta que Rosie decidió volver a dormir en la plataforma donde había muerto su madre.

Los autores de esta correspondencia compararon este caso con el de dos chimpancés en libertad que murieron traumáticamente. El primero de estos casos es el de un adulto en Gombe que murió tras caer de un árbol. Los chimpancés presentes realizaron exhibiciones agresivas y llamados de alarma, mirarón y olfatearón el cuerpo pero nadie lo tocó y cuatro horas después lo abandonaron. El otro caso corresponde a una adolescente en Taï Forest que murió tras el ataque de un leopardo. En este caso el contacto de los miembros del grupo con el cadáver fue frecuente, algunos machos hicieron exhibiciones agresivas y abandonaron los restos seis horas después.

Tras comparar los tres casos, los autores concluyeron que los chimpancés son concientes de la muerte y que presentan autoconciencia, empatía y variaciones culturales en muchos comportamientos.

La madre chimpancé ante su cría muerta
La segunda correspondencia relata tres casos donde las madres chimpancé cargan a sus crías muertas por días hasta que por fin las abandonan. El primer caso ocurrió en 1992 cuando Jire perdió a su hijo Jokro de 2.5 años a causa de una enfermedad respiratoria. Tras la muerte ella cargo los restos de su cría por 27 días, lo acicaló con regularidad, durmió cerca de él y mostró angustia cuando se separaron.

Los otros dos casos ocurrieron en 2003 durante una epidemia de enfermedades respiratorias en Bossou Guinea, la cual cobró la vida de Jimato de 1.2 años y Veve de 2.6 años. En el caso de Jimato, sus restos fueron trasladados por su madre Jira durante 68 días, mientras que el cuerpo sin vida de Veve, solo fue cargado por su madre Vuavua 19 días.

En ambos casos los cuerpos se momificaron y los miembros de su grupo no presentaron aversión a los restos a pesar del olor a descomposición y la apariencia poco usual. A la luz de estos hechos los autores se cuestionarón si las madres eran concientes de que sus hijos habían muerto puesto que en un lapso posterior a la muerte los trataron como infantes vivos, sin embargo, para trasladarlos usaron técnicas inusuales que sólo utilizan las madres con crías que presentan alguna discapacidad, por lo que creen sí son concientes de ello.

Otra interrogante que se plantearon es por qué al final las madres abandonarón los restos de sus pequeños. Una opción es la perdida accidental del cuerpo y la imposibilidad para recuperarla y otra son los cambios fisiológicos como el restablecimiento del ciclo reproductivo tras el cese de la lactancia, que puede favorecer al surgimiento de un sentimiento de “dejarlo ir”.

No sé si podemos llamar a estos comportamientos “luto y resignación chimpancé” haciendo una analogía con el comportamiento de nuestra especie frente a la muerte, lo que queda claro es que el fin de la vida no es un hecho que pasa desapercibido entre otras especies animales. Además, como en el caso de los chimpancés genera comportamientos atípicos que varían de un grupo a otro y de un tipo de muerte a otra.

Las correspondencias pueden consultarse en el siguiente vínculo:
http://www.cell.com/current-biology/issue?pii=S0960-9822%2810%29X0008-2


Nota: El resumen es de acceso libre y los textos completos son de acceso restringido.

Hemerogrfía
- Anderson James R., Aladair Gillies y Louise C. Lock. Pan thanatology en: Current Biology. Abril, 2010. Volumen 20, Issue 8. Sección: Correspondences Consultado en línea: el 28 de abril de 2010.
- Biro Dora, Tatiana Humle, Kathelijne Koops, Claudia Sousa, Misado Hayashi y Tetsuro Matsuzawa. Chimpanze mohers at Bossou Guinea carry the mummifies remains of their dead infants en: Current Biology. Abril, 2010. Volumen 20, Issue 8. Sección: Correspondences Consultado en línea: el 28 de abril de 2010.

Autor: Gabriela Espinosa Verde
Fuente: Antropología Física ¿Para qué?

jueves, 6 de mayo de 2010

Los chimpancés redefinen al ser humano

El descubrimiento, hace 50 años, de que esta especie emplea herramientas cambió la percepción antropocéntrica del mundo.

Hace ahora medio siglo, una chica inglesa de 26 años y melena rubia que desentonaba en la selva de Tanzania como un orangután en una oficina de Londres, observó a un chimpancé adulto esgrimiendo una brizna de hierba para pescar termitas en su guarida de barro. La muchacha se llamaba Jane Goodall y hacía apenas tres años que había pisado África por primera vez, movida por su pasión por la novela Tarzán. Su mentor, el paleoantropólogo Louis Leakey, descubridor del Homo habilis, miró a Goodall y proclamó: "Ahora tenemos que redefinir la palabra herramienta, redefinir el concepto de hombre o aceptar que los chimpancés son humanos".

El antropólogo William McGrew comienza con esta anécdota un artículo sobre la tecnología punta de los chimpancés que se publica hoy en la revista Science. El descubrimiento casual de Goodall, junto a otras observaciones similares realizadas por el español Jordi Sabater Pi en Guinea, cambiaron la percepción del mundo. En un vistazo de apenas un minuto a un simio, el pensamiento cristiano que otorgaba en exclusiva el don de la inteligencia al hombre se desplomó. Los chimpancés empleaban herramientas y, como se supo después, también las fabricaban y enseñaban su manejo a otros individuos. Los monos tenían cultura. La escena del primate aprendiendo a emplear un hueso como herramienta, al compás de Así habló Zarathustra, que pintó Stanley Kubrick como origen del hombre en 2001: Odisea del espacio, dejó de tener sentido cuando los trabajos de Goodall se popularizaron. Aquellos mandobles con el hueso no definían al ser humano. Los chimpancés también empleaban útiles. La esencia del hombre debía estar en otra parte.

"La afirmación de Leakey es una falsa tricotomía. Las herramientas todavía son herramientas, los humanos son todavía humanos y los chimpancés son todavía chimpancés. Sin embargo, ahora nos damos cuenta de que la distancia entre lo que es humano y lo que no es mucho más pequeña de lo que pensábamos", explica McGrew a Público.

El antropólogo, de la Universidad de Cambridge, dibuja en su artículo una especie tecnificada, que usa herramientas para casi todo, según se ha descubierto en los últimos 50 años. Las utilizan para obtener alimentos, como cuando pescan hormigas. O para comer, como cuando usan un martillo de madera y un yunque de piedra para partir nueces. Incluso para conseguir sexo. Algunos machos tensan una hoja entre sus dientes y su mano y con la otra hacen que vibre. Esta música de la selva atrae a las hembras en celo.

Tenedor y palillos.
El caso de los chimpancés es único. Ni los bonobos, también conocidos como chimpancés pigmeos, ni los gorilas exhiben esta capacidad tecnológica en libertad. En cambio, cada grupo de chimpancés utiliza unos 20 tipos de herramientas distintas. Y este kit cambia de una selva a otra, por el mismo motivo que un español come el arroz con tenedor y un chino, con palillos.

McGrew cree que esta capacidad para fabricar y utilizar un amplio abanico de herramientas complejas, exclusiva de los chimpancés y los humanos, es "impresionante". Recientemente, los científicos han observado simios que entretejen hojas y ramas para hacerse una cama, con somier y colchón. Incluso con almohada. Y a comienzos de esta semana, dos estudios diferentes mostraron un comportamiento conmovedor en dos grupos de chimpancés tras la muerte de varios individuos. Si hubieran sido humanos, hubiera sido fácil definirlo: duelo, luto.

En uno de los casos, un grupo de psicólogos de la Universidad de Stirling, en Escocia, observó un velatorio tras la muerte de una vieja hembra criada en un parque. Sus congéneres la acicalaron antes de morir y su hija permaneció con el cadáver toda la noche. En el otro caso, científicos de la Universidad de Oxford siguieron por las selvas de Bossou, en Guinea, a un grupo de chimpancés que acababa de perder a dos crías. Las madres transportaron y cuidaron a los cadáveres durante semanas. La coincidencia del ADN de chimpancés y humanos, superior al 90%, no es en balde: los primeros perciben la muerte de manera similar a los segundos. Ahora resta encontrar qué hay en ese ADN restante que nos hace humanos. "En mi opinión, la diferencia más importante entre humanos y no humanos es la posesión de un lenguaje completo", apunta McGrew.

El director del Centro de investigación en primates de la Universidad de Barcelona, Joaquim Veà, va más allá y apunta al "dominio del fuego" como rasgo distintivo del ser humano, entendido éste no como un urbanita de hoy, sino como la esencia del Homo sapiens desde que pisó por primera vez el planeta. "El resto de características, como el arte o la religión, son muy recientes", señala Veà.

Hoy es casi imposible diferenciar una herramienta de un chimpancé y la de un ancestro humano. Y algunos expertos creen que, con el paso de los milenios, su tecnología seguiría evolucionando, haciéndose más humana, casi como en El planeta de los simios. Pero Veà es más escéptico: "Dentro de unos milenios no habrá chimpancés". Sólo quedan unos 200.000, amenazados por el ébola y los cazadores furtivos.
.
Fuente: Público
Fecha: 01/05/2010

viernes, 23 de abril de 2010

Descubren un primate de más de 11 millones de años

Investigadores catalanes han descubierto en el vertedero de Can Mata, en la cuenca catalana del Vallès-Penedès, una nueva especie de primate pliopitécido, una familia extinta de primitivos primates catarrinos o 'simios del Viejo Mundo'.

Los fragmentos de mandíbula y molares encontrados demuestran que Pliopithecus canmatensis pertenece a este grupo, que incluye a los primeros catarrinos que se dispersaron desde África hacia Eurasia.

Bautizada como Pliopithecus canmatensis en honor al lugar donde ha sido hallada, la nueva especie fósil arroja luz sobre la evolución de la superfamilia de los pliopitecoideos, primates que incluyen varios géneros de catarrinos basales, un grupo que divergió antes de que se separaran las dos superfamilias actuales del grupo: los cercopitecoideos -monos del Antiguo Continente- y los hominoideos -antropomorfos y humanos- y que prosperó en Eurasia durante el Mioceno Inferior y Superior, hace entre 23,5 y 5,3 millones de años.

El escenario evolutivo más probable para este grupo es que los pliopitecoideos fueran los primeros catarrinos en dispersarse desde África hacia Eurasia, donde experimentaron una radiación evolutiva en un continente inicialmente vacío de otros antropoideos.

La nueva especie pertenece a la subfamilia de los pliopitecinos, que podrían haberse originado a partir de un ancestro llamado dionsisopitecino en Asia, desde donde se habrían dispersado hacia Europa a finales del Mioceno Inferior, hace unos 15 millones de años.

Fuente:
El Mundo
Fecha: 20/04/2010

viernes, 26 de marzo de 2010

Descifran el lenguaje de los orangutanes.

Los científicos, dirigidos por Carel van Schaik, siguieron a tres orangutanes sexualmente activos llamados Niko, Kentung y Fugit de una reserva natural de Tuanan, en Borneo. El área de investigación cubría 750 hectáreas de bosque de turba en el que la densidad media de orangutanes es de 4,25 por kilómetro cuadrado. Según explica Brigitte Spillmann, coautora del estudio que se publica en la revista Ethology, los orangutanes tienen un rico repertorio de llamadas, pero sólo los machos sexualmente maduros emiten “llamadas de larga distancia con una serie de pulsos y gruñidos profundos largos que pueden oírse a lo largo de un kilómetro de densa jungla”.

Leer artículo completo en
Muy Interesante

Fecha: 10/03/2010

jueves, 25 de marzo de 2010

La australopithecus 'Lucy', una bípeda bien erguida / El sofisticado caminar bípedo de los antepasados humanos

Los antepasados humanos que vivieron hace 3,6 millones de años en África, y cuyas huellas que quedaron impresas en el yacimiento tanzano de Laetoli, caminaban dando pasos como hoy lo hacen los 'sapiens' modernos, aunque también eran capaces de trepar por los árboles con gran agilidad.

Una nueva investigación, desarrollada en Estados Unidos, ha confirmado lo que ya muchos paleoantropólogos sospechaban: que los 'Australopithecus afarensis' fueron los primeros en erguise de forma vertical y andar por el suelo de una forma mucho más eficiente que sus parientes, los chimpancés.

La certeza del sofisticado bipedismo que ya caracterizó a esta especie, a la que pertenecen los restos de la hembra batizada como 'Lucy', ha sido posible gracias al trabajo sobre las huellas grabadas en Laetoli del equipo de David Raichlen, antropólogo de la Universidad de Arizona.

Estas huellas, descubiertas hace 30 años al sur de la Garganta de Olduvai, se preservaron durante millones de años gracias a que encima de ellas se depositaron cenizas volcánicas, dejando todos los detalles impresos, y sólo pudieron ser hechas por los 'A. afarensis' que entonces habitaban la zona.

El esqueleto de 'Lucy', del que se encontraron numerosos huesos, es uno de sus ejemplares y corresponde al de un primate que habría caminado sobre sus dos piernas en la tierra, debido a las características de sus caderas, sus piernas y su trasero. Sin embargo la curvatura en los dedos de todas sus extremidades, así como sus hombros indican que también pasaban tiempo en las ramas, por lo que aún no se consideran del género 'Homo', que surgió hace unos dos millones de años.

Experimento biomecánico
Algunos investigadores debatían hasta ahora si aquellos 'A. afarensis' llegaron a andar erguidos o caminaban como los chimpancés, con las rodillas y las caderas dobladas, algo que se rebate ahora en las conclusiones del equipo de Raichlen, publicadas en 'PLoS One'.

Para su experimento biomecánico, construyeron un camino de arena en su laboratorio e hicieron caminar por él a diferentes individuos, algunos de forma erguida y otros agachados, como si fueran chimpancés.

Captaron así modelos tridimensionales de todas sus huellas, gracias al equipo que tiene el biólogo Adán Gordon en su laboratorio evolutivo de la Universidad de Albany. Tras estudiar la profundidad de las marcas dejadas por el talón y los dedos de los pies comprobaron que las huellas de Laetoli eran exactamente iguales que las de los humanos erguidos. Cuando iban agachados, la impresión de los dedos era mucho más profunda.

"Los análisis anteriores indicaban de los 'Australopithecus afarensis' andaban inclinados, pero hemos visto que no es así. Lo hacían como los humanos modernos y es una forma increíblemente eficiente, lo que sugiere que el coste energético en la evolución del bipedismo ya era bajo antes de los orígenes de nuestro género 'Homo'", asegura Raichlen.

Además, como destaca su colega Adam Gordon, este estudio demuestra que, en un momento en que nuestros antepasados tenían una anatomía bien adaptada para pasar mucho tiempo en los árboles, ya habían desarrollado el bipedismo moderno, aunque aún tardarían más 1,5 millones de años en bajar definitivamente a tierra.

Fuente:
El Mundo
Fecha: 21/03/2010

martes, 16 de marzo de 2010

LA OTREDAD SIMIESCA. Antropología Física y el olvido de los grandes simios

Introducción
Actualmente, el planeta Tierra atraviesa por una de sus peores crisis ambientales. La destrucción de diferentes ecosistemas por parte de los seres humanos ha llevado a miles de especies animales y vegetales al borde de la desaparición. Los grandes simios
[1] se encuentran en situación crítica, ya que la destrucción de sus selvas tropicales, la caza de que son objeto para consumo humano y la matanza de familias enteras con el fin de obtener las crías para su venta como mascotas o a laboratorios ha dejado a estas especies de primates en el límite de la extinción.

Parientes peludos de la humanidad
Dentro del orden de los primates existe un grupo de animales que apareció hace 25 millones de años en el continente africano, llamados científicamente hominoideos, los cuales desarrollaron una serie de adaptaciones que los llevó a especializarse en la braquiación como medio principal de locomoción. Desde entonces, la evolución de estas formas primates fue tan exitosa que colonizaron el resto del Viejo Mundo.

Hominoideos como Procónsul, Kenyapithecus y Afropithecus vivieron exitosamente en territorio africano. Posteriores radiaciones hacia el resto del Viejo Mundo llevaron a la aparición de nuevas especies en Europa y Asia, ejemplos son el Pierolapithecus catalaunicus
[2], Ramapithecus[3] y Oreopithecus bambolii. Éste último vivió hace ocho millones de años en lo que hoy es la isla de Toscana, Italia, desarrollando la adaptación a un andar bípedo.

En la actualidad, son pocos los grandes simios que han sobrevivido: los gibones del sureste asiático
[4], los orangutanes que se aferran a la vida en las deforestadas islas de Sumatra y Borneo, los gorilas africanos[5] y las dos especies de chimpancés[6].

Las culturas de los Grandes Simios
Investigaciones científicas han documentado comportamientos culturales en diferentes poblaciones de grandes simios
[7]. Los estudios pioneros de la primatóloga británica Jane Goodall con las comunidades de chimpancés del Parque Nacional Gombe, Tanzania, descubrieron el uso de herramientas – previamente modificadas de la naturaleza – para la obtención de termitas. En el parque nacional Tai, localizado en Costa de Marfil, los chimpancés utilizan el concepto del yunque y el martillo para romper nueces de cáscara dura[8]. Uno de los últimos descubrimientos de la primatología cultural es la elaboración y utilización de herramientas para la caza de galagos[9] por chimpancés del Senegal[10].

En comunidades de orangutanes se ha registrado el uso de púas para extraer el néctar de frutos espinosos, evitando así lastimarse. Es tal la complejidad comportamental de los grandes simios y su evidente capacidad para crear “cultura”, que el primatólogo español Jordi Sabater Pi, señaló la existencia de áreas culturales para los chimpancés dispersas por la selva tropical africana
[11].

Grandes simios y seres humanos
En el último siglo estos grandes animales han sido objeto de persecución, abuso, privación de la libertad y exterminio por parte de los seres humanos. La devastación de las selvas tropicales ha obligado a estas especies a refugiarse en los últimos reductos de estos ecosistemas. La cacería furtiva, también ha diezmado a estas poblaciones, debido a que su carne es un manjar y una costumbre culinaria inherentemente arraigada en muchos pueblos africanos. La captura de individuos de estas especies para fines científicos es otra de las causas de la creciente disminución de sus poblaciones.

Los grandes simios han sido vistos a lo largo de la historia como seres evolucionados a medio camino, como animales que hay que aprovechar debido a la exquisitez de su carne o como objetos para vender y obtener jugosas ganancias, pero nunca como seres cercanamente emparentados a nosotros.

La percepción popular hacia los grandes simios, ha estado cargada de subjetividades y prejuicios, baste con citar las expresiones populares que hacen alusión a los grandes simios como sinónimo de idiotas, salvajes, faltos de cultura o como seres que se quedaron a mitad del camino evolutivo para entender la percepción humana hacia estos primates. Expresiones como “mono apestoso” o “pareces gorila” son tan comunes cuando se trata de insultar a algún humano moderno.

De la reverencia y el temor a la exterminación
Durante muchos años, los encuentros ocasionales con la otredad simiesca provocarón la creación de relatos y leyendas que convirtieron a estos seres en temibles y enigmáticos. El parecido externo con el hombre movió poderosamente la atención de la mente humana, llenándola de miedo y simbolismo. Seres tan parecidos a los humanos debieron quedar grabados en la memoria colectiva de los pueblos. El orangután es un claro ejemplo de ello, palabra malaya que significa “hombre de la selva” y que, cuenta la leyenda, engañó a los humanos aparentando no saber hablar para que no lo pusieran a trabajar.

En las islas indonesias existen relatos de una criatura pequeña y bípeda que se internaba en los pueblos para robarse a los niños y alimentarse de ellos. Conocido en los mitos populares como Ebu gogo – la abuela que se come todo – sería una especie de primate bípedo y pequeño que vivió en la región y que, podría estar relacionado con el Homo floresiensis hallado en el año 2003 en la isla de Flores.

Pégale a lo que se parezca más a ti
En los últimos cien años, los encuentros con la otredad simiesca han desembocado generalmente en el asesinato, captura y destrucción de sus hábitats. Pareciera que hay que eliminar a lo que se parezca más a nosotros, a lo que nos recuerde que somos parte de un proceso evolutivo que se originó en África y que junto con chimpancés, gorilas, orangutanes y gibones compartimos un ancestro común.

La cultura de la depredación humana avanza rápidamente por las selvas tropicales de África y Asia arrasando a su paso con poblaciones enteras de especies. Las diferentes culturas de los chimpancés y orangutanes están desapareciendo velozmente. Los gorilas de las montañas Virunga están rodeados por pueblos en extrema pobreza y terribles guerras genocidas, dejando a los menos de 600 individuos en grave riesgo de extinción.

La cacería furtiva continua, recién en julio de 2007 en las laderas de estas montañas fueron masacrados siete gorilas, sin que hasta el momento se conozcan a los responsables de esta barbarie
[12]. En Borneo, grandes extensiones de selva tropical han sido taladas para el cultivo de la palma aceitera, utilizada como componente de productos alimenticios (chocolate, helados), productos para la higiene (jabones, champús) y para biocombustibles, dejando sin sus hábitats a las ya mermadas poblaciones de gibones y orangutanes, que terminan por refugiarse en los pocos manchones de selva que sobreviven en la isla.

El olvido de los grandes simios, reflexiones desde y para la Antropología Física
Pareciera ser que el estudiante de la ENAH no repara en lo más mínimo en la grave situación que atraviesan los grandes simios. Inmerso en si mismo, tal vez por el hecho de que el ser humano es un primate que piensa demasiado en si mismo, parece desconocer todo lo relacionado con los primates mas próximos a nosotros – desde sus complejas capacidades culturales y cognitivas, hasta el hecho de que hace seis millones de años compartimos un ancestro común con ellos -, el interés por ayudar a salvar de la extinción a gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés se torna en apatía, insensibilidad e indiferencia, originando que la comunidad antropológica de la ENAH, se quede en silencio ante la extinción de los grandes simios.

A la defensa de los Grandes Simios
Hace tiempo que la comunidad de la ENAH, debió hacer una pronunciación al respecto, antropólogos sociales, arqueólogos, lingüistas y principalmente antropólogos físicos debieron – moralmente hablando – manifestarse al respecto. Pero pareciera ser que las diferentes carreras de la escuela – con sus específicos posicionamientos teóricos – olvidan el vínculo genético de los seres humanos con los grandes simios.

Los antropólogos culturales inmersos en los procesos sociales que han aparecido a lo largo de la historia humana, parecen olvidar ese vínculo genético y cultural con los chimpancés. En arqueología, lo único que parece importar es que las piedras hablen y el tepalcate descifre la antigua civilización humana, priorizando la enseñanza de la técnica y olvidando el proceso biocultural que hizo del primate humano un ser capaz de construir civilizaciones.

La antropología física es la disciplina que – por su propuesta formativa – nos puede acercar más a comprender el vínculo que tiene el primate humano con los grandes simios. Materias como geología histórica, filogenia primate, paleoantropología, teorías evolutivas, antropología del comportamiento y prehistoria son piedra angular para comprender la relación entre los seres humanos y la otredad simiesca. Sin embargo, no ocurre así, y el olvido de los grandes simios – su sobrevivencia o extinción – sigue presente entre nosotros, ¿por qué?

En alguna ocasión, el doctor en filosofía de la ciencia José Luis Vera comentó que los antropólogos somos unos primatólogos muy singulares, porque estudiamos a un primate singular: el ser humano, que elabora cultura, que vive en mundos simbólicos, que es capaz de hacer ciencia y estudiar la naturaleza de las cosas. Como antropólogos, olvidar el vínculo que tenemos con los grandes simios, desinteresarse ante la grave crisis que enfrentan, es olvidarnos de la esencia que caracteriza nuestra disciplina: la búsqueda y comprensión de nuestros propios orígenes.

Bibliografía
- Cavalieri, P. y Singer, P. (Eds.). (1998). El proyecto “Gran Simio”: la igualdad más allá de la humanidad. Madrid: Trotta.
- Fossey, D. (1993). Gorilas en la niebla. Barcelona: Salvat.
- Fouts, R. (1999). Primos hermanos. Barcelona: Ediciones B.
- Goodall, J. (1993). A través de la ventana: treinta años estudiando a los chimpancés. Barcelona: Salvat.
- Sabater Pi, J. (1992). El chimpancé y los orígenes de la cultura. Barcelona. Anthropos.
[1] El concepto “Grandes Simios” hace alusión a primates con características propias hacia la braquiación, citando a los gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos como miembros del grupo.
[2] Hallado en Cataluña, presenta características morfológicas que tienen orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos, por lo que el paleontólogo español Salvador Moyà-Solà propone que es el ancestro común de los mismos.
[3] Ancestro directo del Orangután.
[4] Existen nueve especies de gibones.
[5] Se consideran tres subespecies: Los gorilas de las tierras bajas occidentales, tierras bajas orientales y el famoso gorila de montaña
[6] Pan troglodytes y Pan paniscus
[7] En las ciencias antropológicas, existe un debate sobre si los Grandes Simios poseen capacidades “culturales” o “protoculturales”. Véase: Topete, Hilario, “Protocultura en el traspatio”, en Diario de Campo, Boletín interno de los investigadores del área de Antropología. Mayo-junio 2008. No. 98.
[8] El fruto es la Panda oleosa.
[9] Pequeños primates pertenecientes al suborden prosimio.
[10] Véase: Jill Pruetz y Paco Bertolani, en “Savanna Chimpanzees, Pan troglodytes verus, Hunt with Tools”. En Current Biology, Volume 17, Issue 5, 412-417, 6 March 2007.
[11] Cita principalmente tres culturas: de los bastones, de los martillos para romper nueces y de las hojas utilizadas a manera de esponja para obtener agua.
[12] Véase: “¿Quién asesinó a los gorilas de Virunga?” en Revista National Geographic. Julio 2008. pp. 46-75.


Autor:
Ricardo Cabrera
Fuente: Antropología Física ¿para qué?
Fecha: 12/03/2010

lunes, 18 de enero de 2010

El cromosoma Y de humanos y chimpancés difiere en un 30%

En 2003 se completó la secuencia genética del cromosoma Y humano, el que determina el sexo masculino, pero hasta ahora no se había hecho lo propio con el del chimpancé, la especie más próxima evolutivamente a la humana.

La comparación de ambos cromosomas Y ha sorprendido a los científicos, porque sus regiones específicamente masculinas (alrededor del 95% del total) son notablemente distintas, tanto en su estructura como en los genes que contienen. Mientras que el genoma completo de ambas especies coincide en un 98,8%, el del cromosoma Y difiere en más de un 30%. Además, en el del chimpancé hay muchos menos genes que en el del ser humano, tanto porque ha perdido genes respecto al ancestro común como porque el humano los ha ganado.

Dado que ambas especies se separaron hace seis millones de años, este resultado indica que ha habido una evolución muy rápida en el cromosoma Y humano, explican en la revista
Nature los científicos, liderados por David C. Page, del Instituto Whitehead del MIT (EE.UU.). Entre los factores que han contribuido a esta "extraordinaria divergencia", señalan los autores, están el papel predominante de esta región del cromosoma en la producción del esperma, las diferencias en el comportamiento sexual de ambas especies (en el chimpancé varios machos copulan con la misma hembra en un mismo ciclo ovulatorio, por que el esperma funciona en un marco de competencia) y diferentes mecanismos de recombinación.

El cromosoma Y, foco de atención especial desde su descubrimiento, ha resultado ser muy especial, tanto en su comportamiento genético como en sus características genómicas. Los dos cromosomas sexuales, el X y el Y, se originaron hace centenares de millones de años, a partir de un cromosoma ancestral no sexual, durante la evolución de los distintos sexos en los seres vivos. En la actualidad, la secuencia de pares de bases del Y es tres veces más corta que la del X. Por eso se ha supuesto que es un cromosoma degenerado, que ha ido perdiendo la carga genética no relacionada con la determinación sexual y que en el futuro podría incluso llegar a desaparecer.

Su secuenciación en 2003 demostró, sin embargo, que es muy complejo y que se renueva constantemente. El nuevo estudio remacha la insuficiencia de las teorías de degeneración decelerada.

Autor: Malen Ruiz de Elvira
Fuente: El País Digital
Fecha: 14/01/2010

martes, 15 de diciembre de 2009

Los monos hablan un lenguaje ancestral

Los gritos de los monos Campbell (Cercopithecus campbelli campbelli) en los bosques de Costa de Marfil esconden la forma de lenguaje vocal no humano más compleja que se conoce, según un estudio publicado en PNAS.

Estos primates articulan un repertorio de gritos distintos para formar frases con significados específicos que alertan de la presencia de un depredador o de la llegada de congéneres de grupos rivales.

Hace un mes, Klaus Zuberbühler, de la
Universidad de St. Andrews (Reino Unido), junto a investigadores de Francia y Costa de Marfil, publicó un estudio que aseguraba que los monos Campbell usan un repertorio de seis gritos con significados concretos. Hok se relaciona con un águila y krak con un leopardo, sus dos depredadores naturales en los bosques del país africano.

En el nuevo estudio, publicado en PNAS tras dos años estudiando a los monos en el Parque Nacional de Taï de Costa de Marfil, señalan que los machos articulan esos seis gritos en secuencias de 20 o más términos usando una forma primitiva de sintaxis. Los monos emiten distintas secuencias que comienzan con boom, seguido de otros gritos para diferenciar una pelea entre monos de otra especie o la llegada a su territorio de congéneres rivales. También gritan secuencias distintas dependiendo de si se acerca un águila o un leopardo y si lo ven o sólo lo escuchan. En el caso del leopardo, cuanto mayor es la alarma, más kraks contiene la frase.

CONEXIÓN CON HUMANOS
Los investigadores aún ignoran si este lenguaje es un ancestro del que usa el ser humano. Los resultados podrían indicar que, antes de hablar como lo hace hoy, el hombre usó un lenguaje básico de kraks, booms y haks similar al que usan los monos Campbell.

También hay grandes diferencias. Se trata de un código lineal basado en la repetición y no en la contraposición de términos. Los monos podrían aumentar considerablemente el número de mensajes si el orden de dos gritos alterara su significado, por ejemplo, hak boom, o boom hak. Pero sólo parecen unir gritos en un hilo en el que cada adición matiza el significado de los anteriores. Además, el lenguaje de estos primates sólo nombra cosas que están presentes, algo que cierra la puerta a conceptos abstractos o imaginarios, como hace el hombre.

Lo que sí implica el estudio es que, probablemente, el lenguaje no es exclusivo de los humanos, sino una capacidad compartida con otras especies. Otros estudios anteriores han encontrado formas básicas de comunicación entre muchos animales. Desde finales de la década de 1990, se ha demostrado que monos, ballenas y pájaros combinan sonidos para formar una especie de lenguaje, aunque su significado se desconoce. Otros trabajos indican que algunos primates emiten sonidos diferentes relacionados con tipos de alimento y depredadores.

El nuevo protolenguaje de los monos Campbell es el más complejo descrito hasta ahora, pero tal vez sea por falta de estudios más completos de otros primates. Los autores destacan que esta forma de comunicación nació mucho antes de la aparición de los homínidos y posiblemente esté más desarrollada en especies que viven en bosques con poca visibilidad y un gran número de depredadores.

Autor: Nuño Domínguez
Fuente:
Público
Fecha: 11/12/2009

sábado, 3 de octubre de 2009

Humor sapiens

Seguimos esta andadura de Humor sapiens, con esta imagen curiosa.... quizás más propia del Planeta de los Simios... disfrutad de la Antropología Física.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El singular modo de moverse de los orangutanes en las copas de los árboles

El movimiento a través de una compleja maraña de pequeñas ramas en las alturas de las selvas tropicales constituye un importante desafío para los animales que buscan alimento y cobijo allí. Puede ser particularmente peligroso para los animales grandes, para quienes una caída desde 30 metros de altura puede ser fatal. Los científicos descubrieron que las peligrosas vibraciones de los árboles, ocasionadas por el viento y por el propio movimiento de los animales, pueden ser contrarrestadas por la habilidad del orangután de moverse con un ritmo irregular.

El reto afrontado por el orangután es similar a los apuros con los que se tropezaron los ingenieros poco después de inaugurarse el inesperadamente tambaleante Puente del Milenio en Londres. Los problemas con el Puente del Milenio aparecían con una muchedumbre caminando en sincronía con el ligero movimiento lateral del puente. Este patrón de movimiento regular acentúa aún más al movimiento de balanceo de un puente así, tal como se demostró en aquel caso. Hay un problema similar en el movimiento de los animales a través de las copas de los árboles de la selva tropical, donde abundan las ramas de gran flexibilidad.

La mayoría de los animales, como el chimpancé, responden a este desafío flexionando sus miembros para aproximar más su cuerpo a las ramas. Los orangutanes, sin embargo, son los mamíferos arborícolas más grandes y por tanto probablemente se enfrentan a los apuros más graves debido a su peso. Si se mueven de un modo regular, de la misma manera que sus parientes más pequeños, provocan una situación de "puente tambaleante", y por ende el movimiento de las ramas aumenta.

Tal como ha comprobado el equipo de investigación, que observó orangutanes en Sumatra, estos simios han desarrollado una manera única de lidiar con este problema; ellos se mueven de una manera irregular que incluye andar erguidos, colgarse de manos y pies de las ramas, y balancear éstas. Gracias a todo ello, los orangutanes evitan las peligrosas oscilaciones rítmicas como las derivadas del andar humano sobre superficies propensas a bambolearse.

En el estudio han intervenido Robin Crompton, de la Escuela de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Liverpool, y Susannah Thorpe, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Birmingham.

Fuente:
Sólo Ciencia
Fecha: 18/09/2009

El origen africano de los primates antropoides se pone en duda con el descubrimiento de un nuevo fósil

African Origin Of Anthropoid Primates Called Into Question With New Fossil Discovery

Well-preserved craniodental fossil remains from two primate species have been discovered during excavations at an Algerian site. They reveal that the small primate Algeripithecus, which is 50 million years old and until now was considered as the most ancient African anthropoid, in fact belonged to another group, that of the crown strepsirhines.

This research was carried out by a team of French researchers from the Institut des Sciences de l'Evolution (Université de Montpellier/CNRS), working with Algerian paleontologists from the universities of Tlemcen, Oran and Jijel. The resulting publication, published online on the website of the Proceedings of the Royal Society B (Biological Sciences) on September 9, 2009, reopens the debate on the African origin of anthropoids, the group to which humans and apes belong.

In 1992, fossilized remains of the small primate Algeripithecus were discovered in the Algerian Sahara. Fifty million years old, weighing just 75 g and known to paleontologists thanks to the remains of two molars, this primate was considered to be the most ancient anthropoid of the African continent. The discovery of Algeripithecus was thus a major contribution to the hypothesis under which Africa was the cradle of anthropoid primates, a group to which humans and apes all belong. The existence of another primate, the Azibius, has been known for longer. This is one of the most ancient African representatives of the crown strepsirhines, another primate group that today is represented by the lemurs of Madagascar, the galagos of Central Africa and the loris of Southern Asia.

At the Glib Zegdou site in north-eastern Algeria, a French team from the Institut des Sciences de l'Evolution in Montpellier (Université de Montpellier/CNRS), working in collaboration with Algerian scientists, recently exhumed cranial and dental fragments from both Algeripithecus and Azibius. They included some nearly complete mandibles. These remains displayed a certain number of traits typical of the crown strepsirhines, notably an adaptation to nocturnal activity and the putative presence of a "toothcomb" [1] in the lower toothrow. The paleontologists concluded that Algeripithecus, like its close relative Azibius, did not in fact belong to the family of anthropoid primates but was very probably one of the most ancient representatives in Africa of the crown strepsirhines.

In Egypt, the presence of more than a dozen fossilized anthropoid primates dating from 30 to 38 million years ago had long been known. This recent Franco-Algerian discovery thus advances the first true appearance of anthropoid primates on the African continent by more than 15 million years. With its major consequences on the evolutionary history of African anthropoid primates, this observation further strengthens the alternative hypothesis of an Asiatic origin for anthropoids. Furthermore, this paleontologic research reveals a hitherto unsuspected diversity and great antiquity of the first crown strepsirhines in Africa.

(1) Situated at the front of the teeth, the toothcomb is made up of modified canines and incisors, set more horizontally. It serves for the collection of food, the removal of nits and grooming of the coat.

Journal reference:
1. Tabuce R, Marivaux L, Lebrun R, Adaci M, Bensalah M, Fabre P-H, Fara E, Gomes-Rodrigues H, Hautier L, Jaeger J-J et al. Anthropoid vs. strepsirhine status of the African Eocene primates Algeripithecus and Azibius: craniodental evidence. Proceedings of the Royal Society of London, Published online before print September 9, 2009 DOI:
10.1098/rspb.2009.1339
Adapted from materials provided by
CNRS (Délégation Paris Michel-Ange).

Fuente:
ScienceDaily
Fecha: 17/09/2009

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Nuevos datos sobre el origen de la mano humana

Tradicionalmente se ha visto al ser humano como el corredor más destacado en esa supuesta carrera que algunos entienden por evolución. Uno de los últimos estudios publicados por el Institut Català de Paleontologia contribuye a contrarrestar esta visión antropocéntrica de la evolución ya que demuestra que la mano humana es la que menos se ha alejado de la forma que tenia en el antepasado común con chimpancés, gorilas y orangutanes.

Una investigación del Institut Català de Paleontologia basada en los fósiles del Pierolapithecus catalaunicus (considerado un homínido muy primitivo, que habitaba lo que ahora es Catalunya hace unos 12 milions d'anys), también conocido como Pau, ha aportado nuevos datos al orígen de los homínidos actuales (chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos), concretamente en lo respectivo a la forma de sus manos y la manera de desplazarse derivada de esa forma. El trabajo, que ya está disponible en su versión digital, será publicado en la prestigiosa revista internacional Journal of Human Evolution, la más importante en el campo de la evolución humana.

Los investigadores han hecho un estudio de la forma y el tamaño de las falanges de la mano del Pierolapithecus y las han comparado con las de los humanos modernos, así como con las de diversas espécies de primates actuales y fósiles, con el objetivo de buscar a cuál de estos grupos se parece más.

Los chimpancés, gorilas y orangutanes utilizan sus manos a modo de gancho para colgarse de las ramas de los árboles y de la misma forma, tienen un pulgar corto que no utilizan para moverse. Muchas teorias clásicas apuntaban a que el ancestro del grupo de los homínidos debia tener una mano larga como la de estos primates y que, con el tiempo, los humanos habríamos reducido la longitud de nuestras manos para poder manipular objetos de una forma más precisa y ser capaces, por ejemplo, de fabricar herramientas. En cambio, Pierolapithecus muestra que la mano de los primeros homínidos era corta y con un pulgar relativamente largo que serviria para desplazarse a cuatro patas por encima de las ramas agarrandose de forma segura en lugar de colgarse. Esto indicaria que la mano humana tendría una estructura general más primitiva que la de los orangutanes, los chimpancés o los gorilas actuales.

Por lo tanto, parece ser que chimpancés, gorilas i orangutanes no son espécies "que se han quedado por el camino" en la evolución hacia los humanos sinó que en determinados aspectos han evolucionado tanto o más respecto el antepasado común como nosotros mismos, siguiendo su propio camino.

Autor: Irene Lapuente Aguilar
Fuente:
SINC (Institut Català de Paleontología)
Fecha: 14/09/2009

viernes, 28 de agosto de 2009

Nuevos descubrimientos sobre la evolución humana.

Tres nuevos fósiles, tres nuevos candidatos a eslabones perdidos, adornan la cadena evolutiva que conduce al ser humano. La coincidencia en poco menos de dos meses de sus respectivos descubrimientos se une a otra serie de noticias sobre la evolución humana que se han producido a lo largo de este año, bicentenario del nacimiento del naturalista inglés Charles Darwin. 150 años después de la publicación de su teoría de la evolución, que bajó al ser humano del pedestal al que él mismo se había subido y lo colocó en su justo lugar entre los demás primates, los científicos siguen perfilando los detalles de la historia familiar de la humanidad.

Fósiles. Nuevas caras en el álbum familiar.
El 18 de mayo se presentó Darwinius masillae, el primate fósil más completo y mejor conservado obtenido hasta la fecha. Sus descubridores vendieron el hallazgo de Ida, como bautizaron al ejemplar, como "el descubrimiento científico más importante de los últimos tiempos" ya que afirmaban que este fósil de 47 millones de años de antigüedad se trataría del "eslabón perdido entre todos los primates y el resto de los mamíferos".

Para Salvador Moyà-Solà, director del Instituto Catalán de Paleontología, la nueva especie es "claramente" un adapiforme, una rama del árbol evolutivo de los lémures, pero "no aporta nada al conocimiento sobre el origen de los monos y antropoides, mucho menos del hombre". Y añade: "El mensaje lanzado a la prensa y la importancia del hallazgo no tienen nada que ver".

Poco más de un mes más tarde, pero sin tanta fanfarria mediática, se publicó el descubrimiento de Ganlea megacanina, un primate de hace 38 millones de años encontrado en Myanmar, candidato a antecesor común a todos los simios, incluido el hombre. "Este sí que es muy importante, porque podría aclarar el debate científico sobre el origen geográfico del grupo", explica Moyà-Solà. Tradicionalmente se ha considerado África como el continente en el que aparecerían los primates antepasados de todos los monos y antropoides modernos. La aparición de Ganlea en Asia podría forzar una reinterpretación de esta teoría, "si se confirma su posición en la base del árbol evolutivo".

El lugar de origen de los simios no es el único que ha sido cuestionado recientemente. En junio de este año, el grupo encabezado por Salvador Moyà-Solà hizo público el descubrimiento de Lluc, un primate que vivió hace unos 12 millones de años en la península Ibérica que sería una forma intermedia entre los extintos afropitecinos y los actuales grandes simios (orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos). Anoiapithecus brevirostris se une así a Pierolapithecus catalaunicus, también descubierto en el mismo yacimiento por el grupo de Moyà-Solà. Ambos fósiles apuntan al origen euroasiático de los grandes simios, que se pensaba que había tenido lugar en África, desde donde habrían migrado a Asia los antecesores de los orangutanes.

Bipedismo. Se aclara el origen de la locomoción humana.
Un reciente estudio concluye que los antepasados humanos no caminaban por el suelo apoyándose en los nudillos, como sí lo hacen chimpancés y gorilas. Los grandes simios más emparentados con el hombre desarrollaron esta adaptación de manera independiente, según afirman los autores del estudio.

Tampoco se balanceaban por las ramas de los árboles de la selva, como hacen los orangutanes. "Los antepasados de los grandes simios hacían una vida repartida entre el suelo y los árboles", señala Moyà-Solà. Mientras que los antepasados de los orangutanes se adaptaron a llevar una vida más arbórea, los antepasados de gorilas, chimpancés y humanos se adaptaron al desplazamiento sobre el suelo, pero cada uno de un modo diferente. Cuando el ancestro de los humanos actuales dejó los árboles definitivamente, ya lo hacía caminando sólo sobre las extremidades posteriores.

Esto confirma algo que ya había sido apuntado por los descubridores de los fósiles de los homininos más antiguos, rompiendo definitivamente uno de los iconos populares sobre la evolución humana más extendidos.

El origen del homo.
La cuna del género humano, ¿África o Asia?


Si el origen africano de los grandes simios se ha puesto en cuestión por el hallazgo de nuevos fósiles, la reinterpretación de viejos conceptos también cuestiona el papel de África como cuna del género humano.

José María Bermúdez de Castro, co-director de Atapuerca, recuerda que "tan sólo las especies son entidades naturales, todas las agrupaciones superiores son construcciones artificiales". Los criterios para incluir una especie dentro de un género u otro varían "según los autores y las modas: del mismo modo que hay científicos que proponen incluir a los chimpancés dentro del género Homo, hay argumentos muy válidos para excluir al Homo habilis".

María Martinón-Torres es partidaria de esto último. Esta paleontóloga es autora de un reciente estudio sobre Homo georgicus, la especie de hominino más primitiva encontrada fuera de África, en el yacimiento de Dmanisi (Georgia). "El desarrollo de los habilis es muy similar al de los australopitecos, y el uso de herramientas no es un argumento válido porque otras especies más primitivas ya las fabricaban", explica Martinón-Torres. Para ella, el origen africano del género Homo se basa en una falacia. "La preponderancia del continente africano se debe a que en Asia no se ha excavado ni el 25% que en África; hace 2,4 millones de años (antigüedad de los restos de habilis) no había ninguna barrera entre los dos continentes, ni geológica ni ecológica, que impidiese la migración de una especie de australopiteco fuera de África".

Según esta investigadora, el género Homo surgiría con georgicus en Asia, desde donde se produciría la colonización de África con ergaster y de China e Indonesia con erectus. Sin embargo, una de las piezas clave en esta teoría era el fósil de Longgupo, datado en dos millones de años. En principio descrito como erectus, su descubridor se retractó en junio y ahora lo asigna a un nuevo tipo de simio no hominino.

La colonización de Europa la realizaría antecessor, especie de la que se ha encontrado este pasado mes de julio en Atapuerca un nuevo fósil de hace 1,3 millones de años que presenta muestras de canibalismo. Los antecessor representan un estado intermedio entre los ergaster africanos y los más recientes heidelbergensis europeos, antepasados de los neandertales. La especie humana actual surgió en África, desde donde se extendió a todo el planeta, desplazando a los neandertales y los hobbits de la isla de Flores.

Neandertales. Tan parecidos y sin embargo tan distintos.
Los diminutos hobbits de Flores podrán haberle arrebatado a los neandertales el dudoso privilegio de ser los últimos miembros de la familia humana en extinguirse, pero la mera supervivencia no les hace evolutivamente más cercanos al hombre actual. El pariente (extinto) más próximo al sapiens moderno sigue siendo el hombre de Neandertal, del que se ha logrado secuenciar este año el 63% de su genoma.

"Las primeras descripciones de los neandertales los retrataban como primitivos hombres de las cavernas antecesores de los humanos modernos", comenta Carles Lalueza Fox, experto en genética neandertal del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-Universidad Pompeu Fabra) que participó en proyecto. "Hoy, sin embargo, su ADN nos revela una imagen más moderna y parecida a la de los sapiens, a la vez que descartan una posible hibridación entre ambas especies", concluye.

Hobbit de Flores.
La pequeña pieza que no encaja en el puzle.
Este año también se han publicado varios estudios de los fósiles encontrados en 2003 en la isla de Flores. En enero un nuevo análisis de la morfología del cráneo corroboró las conclusiones de otros estudios similares anteriores, descartando que los ejemplares se tratasen de sapiens enfermos. Y en mayo, el análisis de los pies de estos hobbits confirmó definitivamente que pertenecen a una especie distinta al ser humano actual.

Su origen, en cambio, sigue siendo un enigma. Su reducida capacidad craneana es similar a la de los australopitecos, y un análisis publicado el pasado mes de julio indica que el Homo floresiensis pudo haberse originado, no ya de un erectus, sino de un habilis. Dos millones de años de evolución separan los restos fósiles de ambas especies, un hueco que sólo podrá ser rellenado con futuros hallazgos.

Fuente: Público
Fecha: 23/08/2009