La Ciudad Autónoma de Ceuta expondrá piezas únicas de origen púnico, fenicio y romano que tiene en su poder con motivo de la celebración de la feria más importante del patrimonio de España.
Según ha informado el Gobierno ceutí, bajo los lemas "Estudiar el pasado para comprender el futuro" y "Patrimonio de todos", el Servicio de Museos de Ceuta asistirá a la VII Bienal de la Restauración y Gestión del Patrimonio AR&PA, donde expondrá los importantes avances logrados en los últimos años en materia de gestión patrimonial.
Con una presencia destacada de Ceuta, la Ciudad Autónoma desea transmitir la importancia del patrimonio cultural como motor de desarrollo local y de los nuevos espacios museísticos como centros de recursos activos de referencia en Ceuta.
Especialmente, el Museo de la Basílica Tardorromana, que se ha convertido en el espacio cultural de referencia de la localidad, por lo que se ha trasladado la planta basilical al diseño arquitectónico del expositor de Ceuta en la Bienal.
La Consejería de Educación, Cultura y Mujer acude a esta cita, la más importante del sector en España y donde estará presente por segunda vez consecutiva, con numerosas piezas arqueológicas del Museo, que se exhibirán en vitrinas especiales, y que dan cuenta de la importancia del patrimonio de la ciudad.
Así, en el expositor de Ceuta podrán verse desde ánforas púnicas hasta cerámicas fenicias, romanas y medievales.
Además, en el expositor se encontrarán dos espacios escenográficos destacados, gráfica ambiental, zonas interactivas y un vídeo especialmente realizado para la ocasión.
"AR&PA es para nosotros una excelente oportunidad para seguir dando a conocer Ceuta y su rico patrimonio y donde se puede apreciar el cambio que hemos imprimido a nuestro entorno fruto de la preocupación y la apuesta del Gobierno por la recuperación y potenciación de los bienes culturales", ha explicado la consejera de Educación, Cultura y Mujer, Mabel Deu.
Ceuta será uno de los más de 280 expositores que estarán presentes, unos 30 más que en la edición anterior, entre los que se encuentra el Ministerio de Cultura y otras ocho autonomías españolas.
La civilización de Margush, precursora del zoroastrismo, desapareció hace más de 3.000 años en el corazón de Asia Central. Pero en Gonur-Depé (la Colina Gris) un laberinto de pasadizos, ruinas de templos, palacios y salas de sacrificios, recuerdan su esplendor gracias al esfuerzo del legendario arqueólogo Víctor Sarianidi.
En la edad del Bronce, estas ruinas fueron la ciudad más importante de Margush, un país conocido como Margiana por los griegos y mencionado en las antiguas inscripciones persas y en el Avesta, el libro sagrado de los seguidores de Zoroastro.Un laberinto de pasadizos en la arena se pierde entre las dunas ocres y los espinos resecos. Delimitados por muros derruidos se suceden los recintos rectangulares, restos de templos, palacios, salas de sacrificios, necrópolis y aposentos de una comunidad que, en opinión del arqueólogo, fue urbana y estratificada socialmente.
Margush apareció entre los años 2250 y 2300 antes de Cristo en las riberas del río Murgab, y desapareció cerca de mil años más tarde. Sus fundadores llegaron desde la actual Siria y se establecieron en los oasis próximos al Murgab. Cuando el río se desplazó, se fueron como habían llegado. El Murgab fluye hoy a un centenar de kilómetros por la ciudad de Marí, la segunda de Turkmenistán, cercana a la antigua Merv, en la ruta de la seda y de las expediciones de Alejandro Magno. Sarianidi comenzó a excavar aquí en 1972 en una expedición de la Academia de Ciencias de la URSS. Sigue viniendo regularmente, excepto en verano, cuando las temperaturas de 50º imposibilitan el trabajo. En cada expedición desentierra estatuas, cerámicas, joyas y vasijas de oro y de plata, arpones, sables, cuchillos y ruedas de bronce, esqueletos humanos, de caballos, asnos, corderos y perros.
Con los objetos se multiplican las preguntas. ¿Quiénes eran los habitantes de Margush? Sarianidi cree que fueron precursores de las doctrinas de Zoroastro (difundidas seis siglos antes de Cristo), pero esta hipótesis es la parte más polémica de su trabajo.
Sarianidi ha realizado dos descubrimientos de importancia mundial en su larga carrera. Su nombre está unido a la región de Bactriana (cuya capital, Bactria, es la actual Balj, en la zona de Mashar-e-Sharif, en Afganistán) y al país de Margush. A finales de los años setenta, el investigador descubrió el tesoro de Bactria, formado por numerosas joyas de oro de gran belleza.
Sobre el tesoro de Bactria se han escrito leyendas, pero Sarianidi afirma que todas sus piezas se conservaron gracias a los funcionarios del Banco Central de Afganistán, que en un heroico pacto de silencio impidieron que los talibanes se apoderaran de ellas. Invitado por los norteamericanos a Kabul, Sarianidi certificó que las joyas del tesoro de Bactria eran las que él mismo había clasificado.
El tesoro de Bactria demostraba la interrelación e interpenetración cultural y estética de Oriente y Occidente, de lo helénico y lo mediterráneo con lo oriental y lo chino. Los hallazgos de Margush son anteriores y demuestran que ya en el tercer milenio antes de Cristo la civilización en el espacio euroasiático era un todo conectado y no una suma de culturas aisladas. En Margush convergen "un impulso muy fuerte" surgido de Mesopotamia y otro de la civilización de la India, afirma Tigrán Mkrtychev, director adjunto del Museo de Arte Oriental de Moscú. En Margush "se cierra el mundo antiguo". "Su descubrimiento ha mostrado que la civilización era más amplia, más poderosa de lo que se suponía, y que tenía un centro de civilización urbana entre Mesopotamia y la antigua India", dice el experto. En Gonur-Depé y en Bactria, Sarianidi descubrió parecidos sellos metálicos, en los que un hombre o un niño conducen a un camello con una cuerda. "Los de Bactriana y los de Margiana no necesitaban traductores. Eran el mismo pueblo", afirma.
Según el arqueólogo, Margush tiene una superficie de 3.000 kilómetros cuadrados (50 kilómetros de ancho y 60 de largo). En Gonur-Depé, las excavaciones cubren 40 hectáreas. Con Nadezhda Dúbova como guía, recorremos el palacio del rey, donde el máximo dirigente vivía solo. En torno a este núcleo hay tres murallas. La primera está jalonada por torres, y en torno a la segunda están, al norte, el santuario real y la zona de banquetes colectivos; al oeste, el templo de los sacrificios; al sur, el del agua y dos piscinas, una grande y una pequeña, así como la necrópolis real; y al este, el templo del fuego. "Al despertarse, antes de empezar la jornada, aquellas gentes hacían sus sacrificios al fuego y al sol, rezaban sus oraciones y puede que incluso se bañaran en la piscina grande, cerca del río", dice Sarianidi.
Los arqueólogos han reforzado las paredes de adobe para que no sean erosionadas por la lluvia y el viento a los que han quedado expuestas. Son muros de gran espesor y no hay huellas de ventanas. En opinión de Dúbova, estos espacios tal vez fueran iluminados indirectamente desde la conjunción entre los muros y el techo. En Gonur-Depé y sus alrededores hay más de 4.000 tumbas. Cerca de una quincena son las llamadas tumbas reales, que fueron saqueadas en parte a lo largo de los siglos. Aun así, de ellas han salido preciosos hallazgos, como una vasija de oro de un kilo y medio y 18 vasijas de plata, una de las cuales está decorada con un magnífico camello. El Museo del Louvre de París se ofreció a restaurar estas piezas y a organizar una exposición. Pero los turcomanos tuvieron miedo. ¿Y si de repente les falsificaban las obras de arte y les devolvían copias? ¿Y si el avión se caía? Hoy, el tesoro real está disperso en diversos museos de Turkmenistán, y algunos objetos, como la jarra decorada con el majestuoso camello, corren peligro de oxidarse y necesitan una urgente y cualificada restauración, afirma Dúbova. Otra, como el mosaico del dragón alado que mata a una serpiente, cuelga "cabeza abajo" en el museo de Marí, afirma la antropóloga.
Sarianidi ha encontrado diversos tipos de enterramientos en Gonur-Depé. En uno de ellos vemos una carreta de cuatro ruedas y esqueletos de diversos animales dispuestos en un orden que los arqueólogos no aciertan aún a descifrar. Este año se han desenterrado gran cantidad de terracotas, hombres y mujeres con sus atributos sexuales, grandes narices y alas en lugar de brazos. Las figuras femeninas podrían ser diosas de la fertilidad, pero en ese caso las tumbas no serían el lugar más apropiado para ellas. Los personajes importantes de Gonur-Depé se iban al otro mundo acompañados de animales y esclavos. En una de las tumbas hay un grupo de personas que parecen haber sido sacrificadas de rodillas. También consumían una bebida mágica alucinógena y, según Nadezhda Dúbova, aún se discute si su receta era a base de hongos o de hierbas.
Cuatro fardos funerarios de niños en perfecto estado de conservación, restos óseos de un adulto, perros momificados y diversas ofrendas, que corresponden al imperio inca y que datarían de los primeros años del siglo XV, fueron descubiertos por los arqueólogos del Santuario Histórico de Pachacámac.
El hallazgo los sorprendió cuando realizaban trabajos para poner en valor un tramo del circuito peatonal de peregrinaje que antiguamente conducía al área ceremonial del recinto.
"Estos contextos funerarios están ubicados al pie de la segunda muralla, una construcción de carácter simbólico porque es la zona que delimita el área monumental del templo, la zona más sagrada de Pachacámac" contó Jesús Holguín, arqueólogo del Museo de Sitio de Pachacámac.
De acuerdo con los primeros análisis, los fardos hallados al pie de la segunda muralla son de tres infantes: un recién nacido, un niño de 1 año y otro de 2 o 3 años como máximo. Un cuarto fardo, también de un recién nacido, fue hallado en una zona más alejada.
"La forma en que fueron encontrados nos hace pensar que posiblemente tuvieron un valor especial para la sociedad, pero otra de las posibilidades es que hayan sido sacrificados", dijo Holguín.
Una vez realizados los exámenes de ADN se sabrá realmente si murieron a causa de alguna enfermedad o si fueron entregados a manera de ofrenda. Junto a estos cuerpos, se hallaron algunos restos óseos de un adulto, vasijas y un retazo de tocapu o bordado decorativo.
En la zona de acceso a la pirámide 7 de Pachacámac, otro equipo de trabajo liderado por la arqueóloga Isabel Cornejo halló seis perros, tres de ellos momificados y el fardo funerario restante.
Este es el segundo hallazgo en nuestro país de entierro de perros. En la zona de El Algarrobal, Ilo (Moquegua), la doctora Sonia Guillén descubrió a, comienzos de la década del 90, decenas de entierros de perros en el contexto de la cultura Chiribaya, enclave Tiahuanaco en la costa, pero no como ofrenda.
En el caso de Pachacámac, Cornejo dijo: "Suponemos que eran ofrendas relacionadas con contextos funerarios, aunque no sabemos si estaban relacionadas con personajes importantes o con ciudadanos comunes. Debajo de uno de los perros se encontró el fardo de un recién nacido".
La directora del Museo de Sitio de Pachacámac, Denise Pozzi-Escot, manifestó que no sería extraño pensar que los perros hayan sido sacrificados por los peregrinos antes de acceder a la zona sagrada del santuario.
El veterinario del Santuario Histórico de Pachacámac, Enrique Angulo, atribuyó el buen estado de conservación de los cuerpos a la sequedad del ambiente y al tipo de suelo.
PARA TENER EN CUENTA
Función El Santuario de Pachacámac fue el centro ceremonial más importante de la costa central. Lo habitaron las culturas Lima, Wari, Ichma e Inca.
El perro chiribaya Para conocer más sobre el perro chiribaya de Ilo (Moquegua) visitar la siguiente web: www.pastorchiribaya.org.
El misterio de los bebés momia en Perú El oráculo de Pachacamac era la deidad más adorada y temida de la costa peruana porque manejaba las fuerzas de la naturaleza, especialmente los terremotos. Su culto se extendió desde el 200 A. C. hasta años después de la conquista española y aun hoy dicen que pervive cristianizado en el fervor por la imagen del Cristo de los Milagros o Cristo de los temblores.
El santuario de Pachacamac, situado tan sólo a 30 kilómetros de Lima, se convirtió en el mayor centro de peregrinación precolombino de la costa y el culto a este dios- "el que da ánima al mundo" según Garcilaso de la Vega- llegó a ser adoptado por los invasores Incas. Miles de antiguos peruanos llegaban hasta la ciudadela santa para preguntarle al oráculo sobre el futuro o para que sanase sus enfermedades. A cambio, le ofrecían ofrendas.
La última de las ofrendas hallada por el equipo de arqueólogos del Ministerio de Cultura ha sido la de cuatro fardos funerarios de bebés de la época inca y 6 perros momificados, restos que datarían del siglo XV.
A tratarse de un santuario sagrado, Pachacamac contaba con cementerios en los que se han encontrado desde el inicio de las excavaciones hasta 300 fardos funerarios. Sin embargo, estos bebes fueron encontrados lejos de las zonas conocidas de enterramientos.
El primer bebé, enterrado junto a 6 perros, fue encontrado al pie de la rampa de acceso al área sagrada de Pachacamac, en una zona utilizada por los peregrinos para prepararse y comer antes de pasar al templo.
"Lo peculiar es que los perros estén asociados al entierro de un bebé, probablemente un recién nacido", explica el arqueólogo Jesús Olguín. "Normalmente, acompañan a entierros de adultos, como los que aparecieron en la tumba del señor de Sipán".
Este entierro de perros junto al recién nacido hace suponer al experto que el pequeño podría tener un importante valor para la sociedad de la época.
Otros tres bebes fueron hallados al pie de la segunda muralla que protege el área sagrada. Dos de ellos fueron descubiertos juntos y un tercero fue hallado al lado de ofrendas cerámicas incas.
La sequedad del desierto costeño y el perfecto estado de los fardos avizora que las momias estarán intactas, lo que permitirá detallar las causas de su muerte.
¿Sacrificios rituales o simples entierros? Los sacrificios de niñas, niños y adolescentes durante la época inca son conocidos. En épocas de sequía, erupciones volcánicas o terremotos, niños y adolescentes sanos eran sacrificados a los apus (espíritus tutelares de las montañas) en montañas, islas o santuarios durante el ritual de Capac Cocha.
"Los Incas monopolizaron el sacrificio humano en el ritual de Capac Cocha, que era regido por el Estado", explica Katiusha Bernuy, arqueóloga al frente de las excavaciones en Pachacamac. "Todos los ofrendados se dirigían al Cusco y en la plaza principal eran protagonistas de ceremonias y ritos en los que participaba el Inca, para después salir a distintos puntos del imperio para ser sacrificados".
La famosa momia Juanita ('La dama del Ampato'), una adolescente congelada encontrada en Perú en la cima de un volcán, es prueba de ello. Juanita fue sacrificada a los 14 años de edad en una ceremonia ritual a más de 6000 metros de altura, lo que ha permitido que su momia se conserve intacta.
Los sacrificios humanos en Pachacamac también tienen antecedentes, explica a ELMUNDO.es la arqueóloga. A principios del siglo pasado, el arqueólogo Max Uhle descubrió en el templo del sol del complejo arqueológico los cuerpos de 20 jóvenes estranguladas. También han sido hallados entre los muros del santuario cadáveres de individuos adultos que habrían sido sacrificados.
De comprobarse que los bebés de Pachacamac fueron asesinados, sería el primer caso documentado en la época inca del sacrificio ritual de recién nacidos. Las momias de los pequeños serán sometidas a rayos X, a análisis de ADN y a autopsias que permitan averiguar la causa de su muerte.
Los perros encontrados también serán sometidos a estudios. Llama la atención el hecho de que los canes presentan abundante pelo, una cualidad ajena a la raza del perro peruano o 'perro calato' (desnudo).
Estos descubrimientos se enmarcan en el proyecto de investigación arqueológica de la principal vía de peregrinaje y la segunda muralla de Pachacamac, financiado por el Ministerio de Cultura y dirigido por Denisse Pozzi-Escot.
Nadie duda de la presencia vetona en Ávila. Distintos castros repartidos por toda la provincia constanan asentamientos humanos durante la Edad de Hierro. Pero hasta la fecha no se sospechaba que el ser humano pasó mucho antes por Ávila. Una prospección arqueológica realizada en el asentamiento vetón de la Mesa de Miranda, en la localidad de Chamartín, ha demostrado que los vetones, pueblo prerromano de cultura celta, habitaron estas tierras durante el Paleolítico.
El objetivo de esos trabajos no era en un principio el estudio del Paleolítico: "Nosotros buscábamos en Chamartín todo lo relacionado con la Edad del Hierro", explica Juan Pablo López, uno de los arqueólogos del equipo que lidera Francisco Javier González-Tablas, profesor de la Universidad de Salamanca.
"Buscábamos las zonas de material empleado para la construcción de la conocida como Casa C del castro", continúa López, que junto con la arqueóloga María Blanco halló un importante foco del Paleolítico (hace unos 2,5 millones años hasta hace unos 10.000 años). Importante porque, recalca Blanco, "no había ningún estudio sobre el Paleolítico en Ávila". Es más, según la arqueóloga, se daba por hecho que "el frío de las últimas glaciaciones habría impedido la presencia humana".
Sin embargo, los trabajos de prospección (la búsqueda de materiales en superficie) llevados a cabo en Chamartín han sacado a la luz piezas elaboradas en piedra, que el hombre empleó, sobre todo, a la hora de cazar. "Sólo hemos encontrado industria lítica, dadas las condiciones del terreno", aclara Blanco, que explica que, al tratarse de yacimientos "en malas condiciones, ubicados en terrenos muy ácidos", no suelen conservar restos humanos.
Una vez con las piezas en la mano (se localizaron cerca de 65), los arqueólogos llevaron a cabo el proceso de datación de las mismas, que en su caso se ha realizado a través de un paralelismo tipológico, es decir, por comparación con otras piezas ya datadas.
Marco temporal "Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un marco temporal que va entre hace un millón de años y 128.000", explica la arqueóloga, que, sin pretender comparar el descubrimiento abulense con el yacimiento de Atapuerca, recuerda que éste se remonta un millón de años atrás.
"En este caso, no hemos datado las piezas a través del estudio de pólenes o de microfauna como se hace en otras ocasiones", reconoce. Estos dos métodos son "indicativos de estadios climáticos, y a través de ellos se encasilla la pieza en un momento histórico determinado". Lo que sí ha hecho ha sido fotografiar cada una de las piezas y marcar su punto de aparición vía GPS, para elaborar un mapa arqueológico.
En cualquier caso, con estas 65 piezas en la mano, los arqueólogos ya están en disposición de poder avanzar algunas de las características de estos hombres y mujeres que pasaron por Ávila. "Eran nómadas buscando recursos", asegura Blanco, "gente que luchaba por su supervivencia y que aprovechaban el material que tenían disponible, ya fuera cuarzo o cuarcita".
Posible zona de paso Según ella, es probable que estuvieran de paso hacia zonas más cálidas y habitadas, como las de Salamanca, y que se tratara de varios grupos humanos. "Quizá estuvieron sólo una semana, o un mes, aunque la cantidad de industria lítica que ha aparecido nos hace pensar que pudieron estar más", dice Blanco. Posiblemente, eran grupos que habitaban en los pies de las montañas, para tener un dominio visual que les permitiera controlar el paso de las manadas.
La aparición de estas piezas se completará con las que se hallen en los trabajos que ya se están llevando a cabo en los márgenes de los ríos Arevalillo y Adaja, así como en las localidades de Muñopepe y Padiernos, y en las prospecciones que se espera poder poner en marcha en Blasco Millán y Zorita de Los Molinos.
"Sabemos que hay restos del Paleolítico en estos puntos, pero todavía no hemos tenido tiempo de investigar", dice Blanco, que al igual que su compañero tiene muy claro que "el Paleolítico de la provincia de Ávila está sin explotar". En concreto, el Castro de Chamartín, "tiene una riqueza increíble, desde el Paleolítico a la Edad de Hierro". Una riqueza que cuenta con una ventaja: estar en una zona que no se ha alterado en siglos. "Estamos hablando de una superficie de 30 hectáreas, y en términos tanto absolutos como relativos conocemos sólo el 5%, y si lo extendemos a todo el hábitat, el apenas el 1%".
El pueblo de los vetones Los vetones (lat. vettones) eran un pueblo prerromano de cultura celta que habitaba el oeste de la Península Ibérica. Su asentamiento se produjo entre los ríos Duero y Tajo, principalmente en el territorio de las actuales provincias de Salamanca, Cáceres, Ávila, Zamora y Toledo. También se han encontrado ejemplos en la región de los Tras os Montes en Portugal.
De los vetones quedan una serie de castros, poblaciones fortificadas, sobre todo en Salamanca y Ávila. Estos poblados contaban con diversos recintos, algunos para el ganado, y muestran un alto grado de civilización. En las necrópolis de estos castros se han encontrado muchas tumbas que muestran la importancia que los guerreros tenían en la cultura vetona. Los vetones dejaron como herencia múltiples verracos en piedra dispersos por la geografía, y también el juego tradicional de La Calva.
En líneas generales los Vetones limitaban con los Vaceos al norte, al este con los Carpetanos, al sur con los Oretanos, Túrdulos y célticos y al oeste con los Lusitanos.
Tauste tenía un importante asentamiento musulmán en la Edad Media. Así se desvela de una necrópolis que ha aparecido en la avenida Obispo José María Coget en dicha localidad zaragozana. Concretamente, los tres restos humanos hallados datarían del siglo X, hecho que podría dar un vuelco a la historia local.
En Tauste y junto al colegio Alfonso I, situado en la avenida José María Coget, han aparecido tres restos humanos y podrían aparecer muchos más.
El arqueólogo encargado de este estudio, Francisco Javier Gutiérrez, ha resaltado la importancia de este hallazgo en historia local. A falta de la debida investigación, las catas se están produciendo en unas dimensiones de cinco metros por cuatro, aunque, según éste, este lugar de enterramiento musulmán podría ocupar una extensión de una hectárea y media.
De estos datos, Gutiérrez ha aseverado que se puede concluir que hubiera un importante asentamiento musulmán en Tauste. Este hecho podría confirmar las teorías de algunos investigadores acerca de la datación de la torre zagrí de Tauste que la fechan anterior al siglo XIII. No obstante, según el arqueólogo, es necesario un estudio arqueológico concreto de esta edificación para dar por real dicha teoría.
En estos momentos, las investigaciones se centran en los restos que van a ser depositados, en un principio, en el Museo Provincial de Zaragoza. No obstante, el arqueólogo ha afirmado que la Asociación Cultural El Patiaz está sopesando la idea de estudiar los cadáveres para conocer “los hábitos culturales” de estos musulmanes que vivían en Tauste.
El alcalde de la localidad, José Luis Pola, ha valorado este hallazgo, resaltando el “valor histórico para Tauste”. “Del mudéjar a esta parte se conocían datos, pero este descubrimiento puede ser el dato histórico que revele qué población tenía el municipio durante los siglos IX, X y XI”.
Esta necrópolis ha aparecido en un ensanche de 1960 en el que siempre ha habido rumores de su existencia, pero que no ha sido una realidad hasta que el Ayuntamiento de Tauste y la Asociación Cultural El Patiaz decidieron indagar sobre estos hechos.
El Museu Arqueológico y Etnográfico Municipal Soler Blasco de Xàbia ha realizado una excavación arqueológica en el interior de la ermita de Sant Joan, anexa al viejo cementerio. La construcción del cementerio en las inmediaciones en el año 1817, convirtió la ermita en capilla funeraria, función que ha tenido hasta los años ochenta del siglo pasado. La excavación llevada a cabo se planteó con el fin de estudiar las posibles estructuras conservadas en el subsuelo de la ermita así como para intentar fijar su datación, además de recuperar este interesante edificio de propiedad municipal con el objetivo de que en el futuro pueda ser conocido y visitado. Así las cosas, los trabajos arqueológicos han permitido documentar un importante conjunto de 30 tumbas de inhumación, excavadas en el suelo natural de gleba de forma más o menos rectangulares. Ventisiete mantenían la orientación este-oeste (con la cabeza situada haia el este, exceptuando dos, que la tenían situada en poniente), y sólo tres se orientaban de norte en sur.
La mayor parte de los entierramientos fueron realizados dentro de ataúdes, con los cuerpos en posición decúbito supino, con los brazos flexionados sobre el pecho o el abdomen, exceptuando algunos de los infantiles, que tenían los brazos flexionados y las manos bajo del rostro, en posición de dormir.
De las treinta tumbas localizadas, diecinueve correspondían a adultos, y las once restantes eran enterramientos infantiles. Seis estaban vacías, mientras que el resto correspondían a cuatro adultos varones entre 40 y 70 años, seis mujeres entre 20 y 65 años, y tres individuos a los que no ha sido posible determinar el sexo por el mal estado de conservación. Los entierramientos de niños han determinado que tenían unas edades entre 1 y 2 meses y los 5 ó 6 años. Casi todos fueron enterrados entre 1817 y 1849, momento en que fue ensanchado el cementerio, adquiriendo aproximadamente la extensión actual.
La intervención arqueológica ha afectado a pràcticamente la totalidad de la superficie interior de este edificio de planta rectangular de 14 metros de longitud y 7,30 metros de anchura, con una única nave dividida en tres tramos regulares de unos 4,25 metros de longitud. La ermita de sant Joan era en origen un edificio de uso religioso situado a las afueras de la villa de Xàbia, en el cruce de los caminos que salían del pueblo en dirección a Pedreguer, Dénia, Gata y el Poblenou. Este edificio constituye un claro e interesante ejemplo de las conocidas como "ermitas de conquista", edificios de nave única y cubierta en dos aguas sustentada por arcos diafragmáticos. En este caso, son dos los arcos (uno forrado y reconvertido en arco de medio punto a mediados del siglo XIX) que dividen el espacio rectangular de la ermita en tres tramos regulares. No disponemos de demasiadas referencias documentales sobre sant Joan; hoy en día, la noticia más antigua que conocemos es de mediados del siglo XVII, momento en lo que parece que fue utilizado como lonja o almudí de la villa.
Gracias al Libro del Sacristán de la Parroquia de Xàbia, redactado en 1769, sabemos que era utilizado para usos religiosos al menos el día de Sant Joan Evangelista (27 de diciembre),"... Acabada la Misa mayor va el Clero a cantar una Misa a la Hermita de San Juan...", especialmente el día de Sant Joan Baptista (24 de junio)"... Día de San Juan Bautista, este día va el Clero a cantar una Misa a su ermita y para que vaian, se tocan tres toques como en visperas, el ultimo toque a las cinco de la Mañana..."
Esta excavación ha sido posible gracias a la participación del programa EMCORP que ha permitido la contratación de un arqueólogo. También han participado la brigada de obras municipal y el departamento de topografía municipal. El estudio antropológico ha sido realizado por doctor Francisco Gómez Bellard.
Una de las grandes riquezas del yacimiento de Lancia son sus necrópolis, las áreas de enterramiento en las que ya se han contabilizado casi doscientas tumbas, fundamentalmente datadas en dos épocas: romana y medieval. Y una de las exhumaciones más sorprendentes es sin duda la del esqueleto completo de un niño de corta edad, procedente de uno de los enterramientos correspondientes a la época medieval de la población, según apreciaba ayer el arqueólogo Gregorio Marcos, responsable de la empresa que se ha hecho cargo de la excavación y quien también ha hecho ver lo singular de haber encontrado individuos y familias enteras con edades muy diferentes.
Marcos ofreció información a este periódico sobre los tipos de enterramiento que se han hallado en la ciudad asturromana: las inhumaciones, es decir, el enterramiento del individuo, de los que se han hallado unos veinte vestigios, todos ellos medievales; y la zona con incineraciones, que suma más de 150 tumbas y que estaría datada casi toda ella en torno al siglo I. En este último caso, las cenizas de la persona muerta se introducían en una urna que a su vez se enterraba en un agujero practicado en el suelo junto a objetos personales del finado -"fíbulas, hebillas o pulseras que previamente también se habían quemado junto al fallecido-".
«Hemos encontrado individuos de todas las edades», explicaba Gregorio Marcos, quien recordaba que su empresa está ultimando el informe definitivo sobre la excavación y que el gobierno autonómico podría tenerlo en, aproximadamente, una semana. También se ha señalado que los restos exhumados ofrecerán información de gran interés sobre el modo de vida de estos ciudadanos de hace dos milenios, desde su longevidad y enfermedades padecidas hasta la alimentación, talla y aspecto físico de los mismos.
Costumbres conservadas Una línea de trabajo apuntada por el historiador Mario Lozano, coordinador de la plataforma Salvemos Lancia, surge de observar la disposición de las tumbas romanas. «Podemos ver cómo en muchos casos existe un enterramiento principal, situado dentro de una estructura tipo templete o caseta pequeña, mientras que fuera de ella se agrupan otras más simples, como si fueran los miembros de la gens o familia típica del pueblo astur. Esto podría demostrar que los primitivos habitantes de Lancia conservaron parte de sus costumbres y tradiciones, como por ejemplo los usos funerarios, por lo menos durante algún tiempo después de la conquista de la ciudad por parte de las legiones romanas».
El área total de la excavación ha ascendido finalmente a 35.000 metros cuadrados en unos 1.200 metros a lo largo de lo que sería el trazado de la autovía León-Valladolid (A-60) entre las localidades de Mansilla de las Mulas y Villamoros. A pesar de que lo que hasta ahora se conocía con el nombre de Lancia, la ciudad fortificada aupada al cerro del Castro, al pie de estas nuevas excavaciones, se había declarado Bien de Interés Cultural -"máximo grado de protección en la legislación española-" y de que se conocía de manera fidedigna de que el asentamiento se extendía por la llanura, las instituciones eligieron, de entre tres posibles trazados, precisamente el que pasaba al lado de Lancia.
Además de las dos áreas de necrópolis se ha hallado un edificio de planta basilical, un complejo industrial con dos hornos, uno posiblemente romano y otro medieval, los cimientos de unas posibles termas y restos de diversas calzadas, además de numerosos objetos de uso cotidiano.
Arsuaga y Forges presentan 'Elemental queridos humanos'.
"El ser humano siempre busca el beneficio inmediato y eso no es sostenible porque no somos capaces de renunciar a más y más cosas, pero la biosfera es un sistema muy complejo en el que todo está relacionado y si conocemos esas relaciones, aprendemos a valorarlas". Este es el mensaje que el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, investigador del Centro de Evolución y Comportamiento Humano, y su colega, la geógrafa Milagros Algaba, han querido transmitir en su última obra.
'Elemental queridos humanos. Vidas y Andanzas del ingenioso planeta Tierra', de la editorial Temas de Hoy, es una reflexión sobre el pasado de la vida y el desarrollo humano, que ha contado con la genialidad de Antonio Fraguas, Forges, responsable de 'envolver' en humor, con sus dibujos, este recorrido.
La presentación de la obra ha tenido lugar en un enclave especial: el Parque Natural de Peñalara, en la sierra de Madrid, un espacio que llegó a estar muy degradado hace 20 años, pero que ahora es un ejemplo de conservación. "En el fondo, cuando a la gente le dices que algo es bonito y no lo ensucie, es consciente de su valor y lo cuida", asegura el paleontólogo.
Desde el prólogo, los autores recuerdan que en la Tierra los seres humanos estamos inmersos en una biosfera en la que todos los organismos se relacionan entre sí y tienen un pasado y un futuro común. El paleontólogo ponía un ejemplo desde la morrena de un antiguo glaciar: "Los humanos siempre hemos vivido en relación con el entorno. Hasta aquí subían los neandertales que vivían en La Pinilla a buscar caza en verano, porque había pastos y, por tanto, hervíboros. Por ello debemos cuidar esa relación".
En opinión de Arsuaga, el problema es que "el ser humano siempre busca el beneficio inmediato, no calcula y no es capaz de renunciar a las cosas, y eso es insostenible". "Por ello debemos desarrollar una conciencia de especie, y ser egoístas pero con el objetivo de mantener el planeta para todos porque la alternativa a la conservación no es la pobreza y la falta de progreso, sino la justicia y el reparto de esta riqueza", apunta el investigador.
Adaptar el entorno. Éste es una de los mensajes claves que, con argumentos científicos, se mantienen a lo largo de toda la obra. De hecho, Milagros Algaba, que se centra en la historia a partir del Neolítico, asegura que fue hace 10.000 años cuando el 'Homo sapiens' comenzó a adaptar el entorno a sus necesidades, y desde entonces no ha dejado de hacerlo.
"Ahora producimos igual que en el Neolítico, que es cuando se rompió el equilibrio, pero como ahora somos muchos millones ha mejorado la tecnología y somos más fructíferos", argumenta. Para Algaba "lo importante es que la gente sea consciente de que somos un bicho más en un sistema muy complejo y hermoso que debemos conocer. No se trata de dar recetas mágicas ni ser gurús, sino de explicar científicamente donde estamos".
Forges, por su parte, destacaba la falta de reflexión sobre las consecuencias que tienen determinadas decisiones que afectan a la Naturaleza. "Los japoneses tardaron ocho años en decidir dónde se colocaba una antena de comunicaciones; aquí se eligió el lugar en dos horas y fue un desastre", comenta mientras, al fondo, se ven las antenas en la cima de la Bola del Mundo en Navacerrada.
Pese a que ninguno de los tres plantea soluciones, sino realidades, Arsuaga insiste en que "es posible sacar rendimiento del entorno sin necesidad de acabar con él, por ejemplo, explotando un lugar turísticamente pero poniendo en valor su biodiversidad y manteniéndola, en lugar de llenar de ladrillos los espacios".
Como concluye Forges en el diálogo de un padre y un hijo mirando un pasaisaje hermoso: "Algún día, hijo mío, si no lo cuidamos, todo esto será suyo". "¿De quién papá?". "De la nada,hijo, de la nada".
Los análisis practicados a los hallazgos arqueológicos del yacimiento de Lancia, cerca de León, por donde se proyecta ejecutar la autovía A-60 (León-Valladolid), apuntan a que la extensa necrópolis de incineración encontrada con unas 200 tumbas se remonta al siglo I.
Así lo ha dicho hoy a EFE el arqueólogo Gregorio Marcos, director de las excavaciones realizadas este verano en este yacimiento, que está situado en el municipio de Villasabariego, a 20 kilómetros de León, y que alberga restos de la ciudad astur más grande de Iberia así como vestigios romanos.
Precisamente por este lugar, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Castilla y León, lo que significa que goza de la máxima protección, se proyecta que pase la A-60.
Marcos ha explicado que los estudios realizados, y cuyo informe se presentará en unos días, confirman la existencia de la necrópolis de incineración de 200 tumbas y sitúan el inicio de los enterramientos en este lugar en el siglo I, un "pelín" antes de lo que se suponía con anterioridad a estos análisis.
El informe está casi listo y se presentará una vez se obtengan todos los resultados de las pruebas de carbono 14 realizadas a los restos, los únicos que quedan y que se prevén que estén en una semana, ha explicado.
Las prospecciones en este yacimiento de Lancia se realizaron este verano con motivo de las obras de la autovía A-60, que se proyecta que pase por esta zona.
En total se excavó un área de 35.000 metros cuadrados, unos 1.200 metros a lo largo de la hipotética autovía, con el fin de saber qué había ahí.
Lancia fue un poblado prerromano, del siglo II y I a.C., una gran urbe, con una importante historia bélica, que fue tomada después por los romanos, pero no destruida.
Del yacimiento se había excavado con anterioridad una pequeña parte del mismo, pero quedaba por explorar otra más extensa aún y por donde se proyecta que pase esta autovía.
En estas prospecciones del verano se encontraron, según los informes preliminares, una extensa necrópolis de incineración, con unas 200 tumbas, una planta basilical, un complejo industrial, con dos hornos, uno posiblemente romano y otro medieval, entre otros enseres.
Según Gregorio Marcos, los últimos estudios realizados sobre los estos suponen una "confirmación" de lo que arrojaron los informes preliminares, aunque en el caso de la necrópolis de incineración la sitúan un "pelín" antes.
Una vez acabado el informe, la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de la Junta decidirá qué hacer con los restos y si autorizar la A-60.
Cuando se diseñó esta autovía, se contemplaron varios trazados, si bien se acordó que el más idóneo era el que precisamente pasa por este yacimiento.
A raíz de estas prospecciones, varios colectivos se han movilizado para que se preserven estos restos y han creado una plataforma denominada "Salvemos Lancia", que reivindica otro trazado para esta autovía.
Este conjunto lo forman medio centenar de estructuras funerarias y cuevas artificiales en forma de cámara circular con entradas a diversos niveles. Dos de éstas se encuentran a ambos lados de un amplio corredor tallado en la roca arenisca.
Los Ministerios de Cultura y de Medio Ambiente conjuntamente van a invertir 3,7 millones de euros para mejorar las condiciones de estas instalaciones ya que actualmente el yacimiento se encuentra abandonado y no se puede visitar. En esta actuación también se incluye la ciudad romana de Baelo Claudia, las tumbas antropomorfas de Betis- Betijuelo y las canteras romanas de Punta Camarinal.
El proyecto incluye un nuevo proyecto museológico y museográfico para el conjunto arqueológico de Baelo Claudia. Se mejoraran la red de itinerarios del Parque Natural del Estrecho y la accesibilidad a las instalaciones. Así se llevarán a cabo el cerramiento de zonas arqueológicas y se añadirán puertas de acceso a las mismas.