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Y es que este ciclo artístico, que perduró 25.000 años al compás de la última glaciación, y que, con el fin de ésta, desapareció misteriosamente, es considerado el primer arte monumental. Un arte de animales y signos enigmáticos, hecho de pigmentos minerales y carbón, estrechamente fijado a las paredes y techos de las cuevas, convertidas así en un elemento en sí mismo, vivo y esencial. A partir de 65 fotográficas, acompañadas de breves textos explicativos, la muestra permite a sus visitantes observar parte del pensamiento simbólico de nuestros remotos ancestros, a través de relieves que sugieren formas animales saliendo de la roca y fisuras que parecen entradas a otro mundo.
En ese sentido, la exposición refleja fielmente la importancia del patrimonio humano presente en las cavernas de Cantabria. Por tanto, a las conocidas Cuevas de Altamira, descubiertas en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola, se le suman otros yacimientos pródigos en formaciones naturales, tal como los situados en el Monte Castillo, lugar sacralizado en la Prehistoria, y cuyas cuevas combinan como pocas, interés espeleológico y arqueológico. En definitiva, decenas de figuras animales, signos, trazos y otras muchas manchas de color, que constituyen un singular ejemplo de la riqueza y expresividad del arte rupestre de esta zona.
Gracias a todo ello se ofrece al visitante, tanto ahora como en el Paleolítico, un ambiente de recogimiento que propicia la contemplación e incluso el diálogo con unas figuras de formas envolventes y dimensiones humanas. Una mezcla especial de cueva y hombre, soporte y obra, naturaleza y cultura. En pocas palabras, arte rupestre paleolítico, una de las manifestaciones culturales más importantes de la historia de la humanidad.
Autor: Javier Porteros
Fuente: Revista de Arte
Fecha: 09/06/2009
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